Nuevos aliados
—Sácame de ahí —suplicó, cuando el señor Lee le hizo pasar a
su oficina.
El hombre mayor lo miró con el ceño fruncido, y le hizo
sentarse en una de las sillas antes de comenzar a hablar.
—No te sacaré. Aún no encontraste ninguna información que
valga la pena sobre la empresa Oh. —El chico se cruzó de brazos ofendido y
soltó un bufido, sin embargo, cuando iba a protestar lo interrumpió—. Que el
hijo menor sea un pervertido no me importa. Necesito pruebas para quitar a esa
empresa de la faz de la tierra, y para eso fue que mi primo te envió aquí,
¿verdad?
—Pero, tío. No puedo soportarlo más. Por favor, sácame de
ahí. Ayer casi me viola en la bañera de su cuarto. —El señor Lee soltó una
carcajada—. ¿Qué se supone que sea tan gracioso?
—LuHan, creí que sabías hacer el trabajo que te enviamos a
hacer allí. Si tienes que acostarte con el mismo Oh para conseguir la
información, lo harás. —Dicho esto, llamó a su secretaria para que se llevara a
su sobrino. LuHan se quedó con la boca abierta ante las palabras de su tío,
pero reaccionó en cuanto sintió una mano en su hombro.
—Tío, por favor. No puedo hacerlo. —Sintió que sus ojos se
aguaban, pero el hombre no lo miraba.
Se levantó con furia, haciendo caer la silla en la que había
estado sentado. Caminó hacia la puerta, antes de salir volvió a girarse, para
observar a su tío, volvía su vista hacia las hojas frente a él.
—Más vale que sea verdad y no al revés.
—Vete, LuHan, a menos que quieras algo peor de lo que te
hará Oh si te descubre.
MinSeok salía del edificio de su departamento, cuando vio
pasar una figura familiar. LuHan se veía destrozado, tanto que su corazón dolió
sin querer. Se acercó, tocándole el hombro.
—¿Estás bien? —LuHan parecía confundido, le vio quitarse
algunas lágrimas sobre su rostro con rapidez.
—Sí… es que me peleé con mi tío. —MinSeok lo abrazó con
fuerza y le invitó su departamento.
LuHan se veía tan frágil, que parecía que se rompería en
cualquier momento. Estaba demasiado delgado, demasiado pálido, con manchas
negras rodeando sus ojos. MinSeok se acercó con un vaso de agua y se lo
ofreció, sentándose a su lado.
Se quedaron así, en silencio.
—¿Por qué no fuiste a trabajar hoy? —le preguntó. LuHan lo
miró, aun sosteniendo el vaso entre sus manos, no había bebido nada. Sus ojos habían
perdido el brillo natural que tenía cuando le conoció, su rostro estaba
demasiado afilado y sus pómulos destacaban en su atractivo rostro.
A pesar de todo ello, seguía conservando los mismos rasgos
delicados, parecidos a los de una niña, que tanto le habían gustado desde el
momento en que lo vio.
—Es mi día libre. —LuHan forzó una sonrisa, y llevó el vaso
hacia sus labios con delicadeza. Fue entonces que MinSeok notó esa marca en la
pálida piel de su cuello.
—¿SeHun ya te hizo probar su cama? —LuHan enrojeció, pero
negó con suavidad, acomodando el cuello de su camisa, escondiendo a medias la
marca que tenía allí.
—Ayer… me metió en la bañera cuando estaba a punto de
bañarse él. —Bajó sus manos hacia los muslos, acariciando el vaso entre ellas—.
Intentó, pero aproveché su distracción con esto, —señaló su cuello—, y le
golpeé. Después de eso salí corriendo y no volví a aparecer, hasta que se fue a
la escuela.
MinSeok asintió en respuesta, y ambos volvieron a mirar al
frente en silencio.
En realidad no era un silencio incómodo, más bien era algo
que ambos necesitaban.
—Creo que es hora de que me vaya —mencionó LuHan, pero
MinSeok no quería eso. Él quería alimentarlo y hacer que descansase.
—No lo hagas, quédate un rato más.
—No puedo. Hyung dijo que me vería a las tres, y ya es
tarde. Nos vemos el lunes.
Ambos se saludaron y LuHan se fue.
MinSeok estaba preocupado por su compañero de trabajo, quizá
más de lo que debería estarlo, por lo que decidió seguirlo.
HyukJae terminó de dictar su clase a los alumnos avanzados,
decidió ir a cambiarse y esperar a LuHan en su oficina.
—Hyung. —Le llamó uno de sus mejores estudiantes. Él se giró
con una sonrisa fingida en el rostro. Aún volvía a su mente el recuerdo de su
DongHae llorando y su cuerpo marcado por alguien que no era él mismo.
—¿Qué sucede, JongIn?
—Kai.
—Lo siento, —Soltó una pequeña risita—, ¿qué sucede, Kai?
—¿Puedo hacerle una pregunta algo… privada? —HyukJae frunció
el ceño, pero le hizo ingresar en su oficina. Una vez ambos estuvieron
sentados, le hizo una seña para que hablara—. Tengo un problema amoroso.
HyukJae soltó una carcajada relajada, haciendo que el otro
se sonrojara. —Lo siento, pero ¿por qué me lo preguntas a mí? ¿No sería mejor
hablar con tu padre, o quizá tu mejor amigo?
—Es que ese es el problema —afirmó, comenzando a jugar con
sus manos—. Estoy enamorado de mi mejor amigo.
—Ya veo. —HyukJae se sentó mejor y se puso serio—. No lo veo
como un problema, más bien como algo común. Si es tu mejor amigo seguramente
sepas todo sobre él y la forma con la que se tratan es diferente a como lo
hacen con los demás, ¿me equivoco? —JongIn negó suavemente.
—Pero él es diferente… él es… ¿cómo decirlo? Es
heterosexual, y yo pensé que jamás le gustarían los chicos, hasta la llegada de
este… sirviente. Pensé que lo conocía, pero ahora incluso estudia para los
exámenes.
Se escuchó el sonido de la puerta siendo abierta, y ambos se
fijaron en la delicada figura que ingresaba por ahí. —Oh, lo siento, hyung.
Volveré cuando estés solo. —Le dirigió una mirada avergonzada a JongIn y volvió
a cerrar la puerta.
JongIn no sabía qué hacer. Se quedó observando la puerta con
la boca abierta, ¿qué hacía el mayordomo de su mejor amigo allí? ¿No se suponía
que debía estar trabajando?
—Ya conocías a LuHan, ¿qué sucede contigo? —Rió HyukJae
suavemente—. ¿Acaso te gusta?
—¡No! Quiero decir… no. Es solo que pensé que a esta hora
tenía que estar trabajando.
Lee HyukJae levantó una ceja ante la afirmación del chico
delante de él.
—¿Sabes sus horarios?
—No, pero en la casa de SeHun todos los sirvientes deben
trabajar el día completo, y sin descansos.
—¿Conoces a Oh SeHun? —preguntó con curiosidad el mayor.
—Bueno… él es mi mejor amigo.
El rostro de HyukJae formó una sonrisa retorcida. —¿Del que
estás enamorado? —JongIn volvió a asentir—. ¿Puedo pedirte un favor?
—Lo que quieras, hyung.
—¿Podrías ayudar a mi primo? Sé que él será la respuesta
para acercarte más a SeHun y saber si algún día podrías gustarle.
JongIn lo pensó durante unos segundos. —¿Su primo es LuHan? —HyukJae
asintió.
—Tiene que hacer un trabajo, pero no puede hacerlo solo.
—Supongo que no tiene nada de malo.
—Genial. LuHan —esto último lo gritó. El delgado chico
volvió a entrar a la oficina—. Ven, siéntate. Vamos a hablar algunas cosas. Tal
parece que JongIn te podrá ayudar en el trabajo y podremos dejar toda esta
mierda en lo que estamos metidos.
LuHan miró a JongIn con curiosidad, y se sentó en el asiento
vacío que quedaba.
Mientras
tanto, Kim MinSeok observaba y escuchaba todo lo que sucedía dentro de la
oficina con la boca abierta.
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