martes, 11 de noviembre de 2014

Dímelo una vez más - Capitulo 9


El plan comienza



JongIn había decidido que si no podía tener a SeHun, al menos intentaría algo con el empleado. No le gustaba para nada la idea de tener que enfrentarse a su mejor amigo, pero tenía que llamar su atención de alguna manera.

No podía soportar que ese chico hubiese llegado a la vida de SeHun y la haya cambiado tan bruscamente. Su amigo no dejaba de hablar de su empleado, ya sea sobre algo bueno o malo, siempre llegaba a expresar lo mucho que le deseaba en la cama. Y JongIn no podía competir contra eso. LuHan estaba poniendo su vida de cabeza.

Con respecto al tema de las armas, sabía perfectamente que SeHun no tenía idea de lo que su empresa escondía, ya que tenía la fachada de una importante empresa de comunicaciones.

Su hyung, su profesor de danza, una de las personas que más quería en la vida le había pedido ese favor, pero… no podía soportar saber lo que sucedería.

Por otro lado, el plan de LuHan se estaba cumpliendo a la perfección. Si bien había habido algunos inconvenientes, como el gran cansancio que tenía su cuerpo, había logrado al fin que la mansión quedase vacía. La idea siempre había sido esperar a que todos estuviesen dormidos e ingresar a la oficina del señor Oh para conseguir los registros de las desviaciones de dinero y el tráfico de armas desde China a Corea del Sur. Sin embargo, el estar solo en la casa le permitía completa libertad para moverse por donde quisiese.

Pero el hecho de no saber dónde estaban ubicadas las cámaras y cuanta seguridad podría haber en la casa, y mucho más en la oficina del señor Oh, le limitaba muchos movimientos. JongIn podría ayudarlo a no ser sospechoso.

—Entonces solo te acostarás con él, pero no conmigo —volvió a replicar JongIn.

—¡No estábamos hablando de eso! Además, ¿no sería mejor que volvieses? SeHun sospechará cosas que no son. —JongIn le sonrió de lado y comenzó a acercarlo a la mesada, sin dejarle escape.

—Vamos, LuHan. Siempre consigo lo que quiero, no serás la excepción. Los favores se pagan de alguna manera.

—Por favor, JongIn, basta. —Le abrazó de manera posesiva, intentando rozar el cuello del empleado con sus labios—. Ya hablamos de esto. Solo necesito conseguir esos papeles y me iré.

—¿Y qué obtengo a cambio? ¿Eh? Mi amigo quedará en bancarrota con lo que harás.

—Ya lo sé. Pero estamos hablando de una gran mafia. Trafican armas. ¿Por qué sigues en contra de esto? —Por alguna razón JongIn se sintió dolido, sus ojos parecían a punto de soltar lágrimas que no debía estar ahí. El sentimiento de culpa le embriagó de manera que todo movimiento de LuHan le molestaba e intentaba apartarse.

—¡Porque sigue siendo mi amigo! ¡Y le amo!

Un ruido de oyó desde la ventana, LuHan pudo notar como una cabellera cobriza se alejaba. Bajó la mirada, ¿cuánto habría escuchado MinSeok de esa conversación?

—Es mejor que vayas. Ahora llevo las bebidas.

—LuHan… —JongIn vio como el chico se giraba y terminaba de acomodar la bandeja, estiró su mano para tocarle el hombro, pero se arrepintió y salió de la cocina, para luego secarse algunas lágrimas.

LuHan apoyó las manos en la mesada y apoyó su cuerpo contra esta, lanzando un suspiro cansado. Acarició su cabello, dándose tiempo a tranquilizar aquellos temblores de su cuerpo. El té se había enfriado, así que decidió llevarles un poco del jugo que había en la heladera y galletas, mientras calentaba el agua nuevamente.

Tomó la bandeja y subió las escaleras con la mayor tranquilidad que pudo.

Tocó la puerta del cuarto de su jefe y esperó la orden para poder entrar.



DongHae estaba muy nervioso. Cada tanto miraba su reloj de pulsera y le daba una mirada furtiva a SungMin, quien tenía un cigarro entre sus dedos, que estaba a punto de consumirse y aún no había probado.

El silencio estaba presente. Se suponía que quien fuera que debía llegar, estaba tardando, y eso aumentaba en mayor medida las probabilidades de que la policía les encontrase con las manos vacías.

El sonido de un mensaje llegó a los oídos de ambos. SungMin sacó su teléfono y leyó, para luego mirar con una sonrisa a DongHae. —Vamos —dijo.

Ambos comenzaron a caminar hacia la nada misma. Detrás de una de las despensas del lugar, donde había dos hombres, vestidos elegantemente.

SungMin les entregó una llave y ellos un maletín.

DongHae miraba todo con curiosidad. Se suponía que en cuanto vieran a los compradores, debía presionar el botón que estaba en su bolsillo, pero tenía miedo de que le descubrieran.

Los cuatro hombres se acercaron hasta un bote de basura tapado, donde SungMin apoyó el maletín y se dispuso a abrirlo.

—¿No se supone que debas mostrarme la mercancía primero? —preguntó uno de los hombres. DongHae lo miró con curiosidad, su acento era muy extraño. El otro hombre miraba al nuevo con curiosidad.

—¿Y este? ¿Cho se cansó de su juguete viejo y usado? —preguntó con ironía, a lo que SungMin únicamente le contestó con un gruñido.

—No es de tu incumbencia —dijo, cerrando el maletín, luego de haberse cerciorado que estaba la cantidad correcta—. Dijimos 1.000.000, ¿dónde está el resto? —preguntó cabreado.

—No seas así, Minnie. Queremos divertirnos también. —SungMin miró a ambos hombres furioso, DongHae no le reconoció. Al notar que ambos hombres tenían su mirada fija en su compañero, metió la mano en su bolsillo y presionó el botón. En aproximadamente cinco minutos, deberían llegar todos los agentes de la policía al lugar.

—Denme lo que falta. Deberían ser tres de estos. O no hay trato. —Los hombres se acercaron a él, rodeándolo y poniendo una pose intimidadora. DongHae comenzó a retroceder, sin querer meterse más en ese problema.

—Escúchame bien, princesita. Es mejor que cooperes y seremos buenos. Te daremos el resto luego de que nos entregues ese lindo culito tuyo. Tu amigo puede unirse si quiere. —Señaló a un DongHae pálido, que cada vez se alejaba más.

—Dije que me dieran lo que falta —insistió, pero los hombres le tomaron por el hombro.

—Que lindos labios tienes, lástima que solo los uses para decir tanta cantidad de estupideces. ¿Qué tal si la empleas para algo mejor? —El hombre empujó su hombro hacia abajo, poniéndole de rodillas.

SungMin comenzó a ponerse rojo de la rabia contenida. Sujetó con fuerza el maletín, y golpeó a uno de ellos en las rodillas, haciendo que gimiera de dolor. Se levantó raudamente y golpeó al otro en la cabeza mientras giraba. Ambos hombres quedaron en el suelo.

—¿Dónde está el resto del dinero? —volvió a preguntar. Los hombres señalaron unos árboles—. ¡Ve! —le ordenó a DongHae. El chico se acercó al lugar señalado, encontrándose con otros tres maletines como el que tenía SungMin en la mano. Los tomó y se dirigió hacia donde estaban los otros.

Las sirenas de la policía comenzaron a escucharse a lo lejos. —Mierda —murmuró, produciendo que el otro le mirase.

—Es mejor que nos vayamos —dijo—. Aquí está la verdadera llave. Busquen las cosas donde siempre. —Les lanzó el objeto y comenzó a correr hacia donde habían dejado el auto.

—¿Dónde siempre? —preguntó DongHae apenas se subieron al auto y SungMin arrancó.

—Yo retiro el dinero y otro entrega las armas. Así nos arreglamos. Es más seguro y no podemos delatarnos entre nosotros porque no sabemos quién es el otro.

—Pero yo sé quién eres y tú sabes quién soy. —SungMin le sonrió, mientras su rostro era iluminado por las luces azules de las patrullas que venían de frente, hacia donde ellos acababan de irse.

—Pero yo te estoy entrenando. Me iré de la empresa y KyuHyun necesitaba a alguien nuevo. —Quedó unos segundos pensativo—. No sé porque te eligió. No sabes hacer nada. Ni siquiera sabes artes marciales. —DongHae bajó la cabeza. —Quizá le gustó el sexo. Pero no te preocupes. Te enseñarán los mejores profesionales técnicas de combate.

SungMin dejó a DongHae en su apartamento y se dirigió a su casa, donde se encontró con su hermano menor acostado en el sillón.

Sonrió con ternura ante la pose de MinSeok y se acercó con cuidado, de no despertarlo. Lo llevaría a su cuarto.

—Minnie… espera —dijo un somnoliento MinSeok, al sentirse tocado por su hermano—. Tengo algo importante que decirte.

—Lo que sea, me lo dirás mañana. Es muy tarde. —Rió por lo bajo al notar como su hermano intentaba soltarse, así que lo bajó de sus brazos y notó como se acercaba hasta la puerta de su cuarto tambaleándose.

—SungMin —repitió algo más serio, por lo que el mayor se sintió en la obligación de mirarle—. LuHan quiere matar la empresa desde dentro y consiguió la ayuda de JongIn.

El mayor se le quedó viendo sorprendido. —¿Cómo?

—Y eso no es todo…  hay un infiltrado en la empresa que parece ser el primo de LuHan…



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