El Temor
—Lee DongHae, te llama el jefe. —Le dijeron por tercera vez
en el día, pero él no quería ir. Había estado evitando a Cho KyuHyun desde el
día en que se acostaron, había conseguido sacarle la información que necesitaba,
ya podía renunciar a ese empleo, pero había algo que no cuadraba.
Estaba más que seguro de que KyuHyun no era el único
involucrado dentro de esa oficina. Ahora tenía que evitar a su jefe y comenzar
a compartir más tiempo con sus compañeros, pero no sabía cómo hacerlo. Todo el
mundo conocía su falta de disimulo en hacer o preguntar, y no quería que se
dieran cuenta de su misión. Necesitaba que HyukJae estuviese ahí, en verdad lo
necesitaba.
Sintió que una mano se apoyaba en su hombro.
Lee SungMin le sonreía desde arriba. —Nos llama KyuHyun, y
es mejor que vayamos. Se ve furioso por algo.
DongHae asintió y se levantó de su asiento. Ambos hombres se
dirigieron a la oficina su jefe. Ingresaron con permiso y se sentaron delante
del escritorio del señor Cho. SungMin se aseguró de cerrar bien la puerta antes
de aquello.
—Ya era hora de que llegaran. Te he estado llamando desde
temprano, DongHae. —Este bajó la mirada, intentando evitar la de su jefe—. Como
sea. Necesito que hoy vayan a una reunión con los compradores.
—Ya habíamos hablado de esto, KyuHyun…
—Calla, SungMin. Es cierto, pero ya que tú te irás necesito
que alguien te suplante, además, hoy tengo una cita muy importante y no puedo ir.
—¿Y no pueden juntarse otro día? —DongHae recibió miradas
reprobatorias de ambos hombres.
—¿Estás seguro que él es el indicado? —preguntó SungMin no
muy seguro.
—Sí. Ya sabe de qué se trata todo esto, así que no veo
problemas. Los espero a las cinco en punto para darles la dirección.
LuHan dirigió una mirada hacia JongIn antes de ingresar en
la mansión.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —le preguntó.
JongIn negó con la cabeza.
—No lo estoy, pero ya me metieron. Temo por mi amigo, pero
sé que él no sabe nada de todo esto. Tú lo sabes, apenas tiene dieciséis años.
Su único delito ha sido acostarse con sus mucamas.
—Dejó embarazada a una, JongIn. La mujer está criando a su
hijo sola. El señor Oh negó cualquier cosa con la que le acusaron y la demanda
terminó mal. Alteraron el ADN.
—¿Cómo lo sabes? —JongIn amplió sus ojos ante las palabras
de LuHan. Este solo se limitó a abrir la puerta de la mansión.
—Voy a pedirle al señor Oh que me deje vivir en la mansión.
Tengo muchos problemas para ir y venir.
—¿Piensas que te dejará? —LuHan solo hizo una sonrisa y se
adentró, dejando a JongIn pensativo.
SeHun decidió salir de la casa e ir a cualquier sitio, pero
cuando cruzó la puerta se encontró con un JongIn serio.
—¿Estás bien? —le preguntó, moviendo su mano delante de la
cara de su amigo, quien le notó y sonrió.
—Sí, lo siento, ¿decías algo? —SeHun soltó una carcajada—.
¿Tengo algo en la cara? —JongIn comenzó a tocar su rostro con ahínco.
—Estás más negro de lo habitual, si esa es tu pregunta. —JongIn
frunció el ceño y le golpeó el hombro.
—No soy negro, soy canela pasión, y como sea, atraigo más a
las chicas que tú.
Olvidando porque había salido de su casa, SeHun invitó a
JongIn a pasar y se dirigieron hasta su habitación.
LuHan estaba ahí, lo cual sorprendió a ambos. El mayordomo
los saludó con una pequeña reverencia y cuando estaba a punto de salir SeHun le
detuvo del brazo. —Trae bebidas. —El chico asintió y salió sin decir nada más.
—¿Tus padres se irán de viaje nuevamente? —preguntó JongIn.
SeHun le sonrió y se sentó en su cama.
—Sí. Pero esta vez estoy feliz de no ir. Me quedaré toda la
semana a solas con LuHan, ya sabes, incluso sin la servidumbre. —JongIn amplió
sus ojos, algo asustado.
—¿Trabajará él solo aquí?
—Sí. Nadie nos interrumpirá.
LuHan se había quedado pegado a la puerta, y había escuchado
aquellas palabras de su jefe, algo asustado se dirigió a la cocina.
Si bien el señor Oh le había permitido comenzar a vivir en
la mansión, con ciertas condiciones, esperaba tener algo de paz y volver a
tener un sueño normal. No obstante, sabía que si quedaba solo con SeHun en la
mansión, debería verlo y mimarlo diez veces más que lo que lo hacía hasta
entonces.
Mientras servía dos té helados con algunas galletas, maldijo
su suerte.
—Creo que estoy por reunir las últimas pruebas para terminar
con el trabajo. —El teléfono estaba en altavoz y todos los que estaban dentro
de la oficina podían oír perfectamente la voz de aquel hombre.
—Muy bien, hijo. Dime cuales son —dijo el hombre con una
sonrisa en el rostro. Los demás esperaban expectantes la respuesta, que tardó
unos minutos en llegar.
—Lo único que necesitas es una razón para inculpar a la
compañía Oh, ¿verdad? Prometiste que LuHan quedaría fuera… ya déjale ser libre.
Lo están matando ahí dentro.
—Solo contesta, DongHae —la voz del hombre parecía lanzar
dagas congeladas. Se oyó un suspiro.
—Bien. El jefe de mi oficina me enviará a alguna clase de
reunión hoy en la noche. En unos minutos me dará la dirección y la hora… debo
colgar.
—Bien, ya lo tenemos.
Los policías del otro lado de la mesa del señor Lee sonrieron.
—¿DongHae? ¿Con quién hablabas? —preguntó SungMin, al verle
cortar con rapidez.
—Con Hyukie —dijo sin pensarlo demasiado.
—Ya te dije muchas veces que no está permitido hablar
durante el horario de trabajo. Vamos. El señor Cho nos espera.
—Lo siento…
Juntos caminaron hasta la oficina de KyuHyun, quien hablaba
por teléfono con alguien. Les dijo que esperaran durante un tiempo, y a los dos
minutos cortó. —Bien. Aquí está la dirección. No lo olviden. Deben estar ahí a
las dos en punto. —SungMin asintió, pero miró de reojo a DongHae, que parecía
algo asustado.
MinSeok había recibido el llamado del señor Oh que esa
semana no debía ir a laborar. Curioso, como Dios lo había hecho, decidió
igualmente visitar la mansión apenas el lunes hizo su inicio.
Ingresó en la casa, después de todo no había sido difícil
trepar uno de los muros que rodeaba la casa, considerando que incluso la
seguridad no estaba. Decidió entrar a la casa por la puerta de atrás, que daba
directamente a la cocina, pero el sonido de unas voces le hizo frenar su
avance, y mirar por una ventana.
—Vamos, LuHan. Siempre consigo lo que quiero, no serás la
excepción. Los favores se pagan de alguna manera.
—Por favor, JongIn, basta. —LuHan estaba atrapado contra el
lavadero, mientras el amigo de SeHun se acercaba cada vez más, dejándolo sin
escapes posibles para recibir su abrazo—. Ya hablamos de esto. Solo necesito
conseguir esos papeles y me iré.
JongIn se separó con brusquedad del cuerpo del empleado. —¿Y
qué obtengo a cambio? ¿Eh? Mi amigo quedará en bancarrota con lo que harás. —MinSeok
pudo ver perfectamente como el rostro de LuHan caía con tristeza.
—Ya lo sé. Pero estamos hablando de una gran mafia. Trafican
armas. ¿Por qué sigues en contra de esto? —preguntó, parándose de frente a
JongIn, quien se alejaba con asco.
—¡Porque sigue siendo mi amigo! ¡Y le amo! —LuHan se quedó
en silencio unos segundos y luego abrazó a JongIn maternalmente. Por otro lado,
MinSeok quedó sorprendido por ambas confesiones.
Sabía perfectamente lo del tráfico de armas de la familia
Oh. Él mismo, al igual que su hermano, eran parte de aquello, pero que tanto
LuHan, como JongIn estuviesen intentando hundir ese negocio era demasiado
sorprendente para él.
Decidió irse de la mansión y hablar con su hermano sobre
eso.
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