- Entonces… ¿qué haces
aquí? ¿averiguas para tu hermano? – preguntó directamente el hombre. DongHae
solo se dedicó a observar la oficina. Detrás del escritorio había muchos
cuadros, la mayoría de cursos farmacéuticos. También, a ambos lados había
vitrinas repletas de lo que se suponían eran medicamentos -. Contesta - observó
a la persona delante suyo con una sonrisa.
- No mucho, hago un
trabajo con su hijo para la escuela – respondió.
- Hablo en serio, niño
– exclamó golpeando la mesa, intentando asustarlo, pero solo logró que una carcajada
escalofriante saliera de los labios del chico.
- Es que no es nada
más que eso. Mi hermano no me envía por sus trabajos hace un mes exactamente –
lo miró a los ojos.
- Veo que te quiere
proteger – sonrió, haciendo que DongHae lo mirara serio por primera vez. Había
burla en lo que le había dicho el hombre, y realmente no le gustaba eso.
- ¿Lo amenazó acaso? –
preguntó.
- ¿Yo? Para nada. Tu
solo te metiste en la boca del lobo cuando seguiste a mi hijo. Tu hermano es muy
tonto… a pesar de tener este gran imperio, no tiene idea de cómo manejarlo. Los
adictos pueden ser excelentes súbditos si sabes cómo tratarlos – sonrió con
malicia mientras abría un cajón y buscaba algo. DongHae comenzó a observar
mejor la habitación. La puerta había escuchado como la cerraba con llave, las
ventanas bloqueadas con persianas. El suelo hecho de cerámicos, no había salida.
Intentó aparentar estar tranquilo y siguió hablado.
- No creo que su hijo
esté de acuerdo en lo que hace…
- ¿Ese niño? No sabe
nada de lo que ocurre, es tan idiota como su madre. Por suerte la niña se fue
poco antes de abrir la boca – volvió a borrar la sonrisa de DongHae. ¿Ahora
qué? -. Déjame ver esto – se acercó y tomó su brazo a la fuerza. El chico
intentó soltarse, pero el hombre tenía demasiada fuerza. Con un bisturí cortó
parte de la manga de la camisa del uniforme, abrió las partes cortadas y
observó la piel de su brazo -. Tu hermano te ha cuidado bien. Mira, ni una sola
marca – tocó la piel de su brazo. Y lo soltó.
- Esta camisa era
nueva – actuó como si no le hubiese afectado tener tan cerca suyo a ese hombre
con ese instrumento cortante.
- Toma – le lanzó otra
-. Tira esa.
Dicho esto, el hombre
salió del cuarto. DongHae se quitó la prenda rota y se puso la nueva. Observó
la manga e insultó al hombre nuevamente.
- En serio era nueva…
- suspiró y lanzó la camisa al suelo.
Observó las vitrinas
repletas de frascos. Se acercó para verlas mejor. Todas eran materias primas,
al parecer el padre de EunHyuk era fabricante, igual que su hermano, sin
embargo pudo leer nombres que jamás había escuchado en su vida. Miró la puerta
para asegurarse de que estaba cerrada y el hombre no volvería. Se acercó a la
mesa, lo que llamó de inmediato su atención fue una libreta negra. Sonrió antes
de salir de la habitación y dirigirse a la cocina, donde la familia lo esperaba
para comer un pastel hecho por la señora. Colocó su hermosa sonrisa inocente y
se sentó con ellos.
Al ya estar acostado
en el suelo del cuarto de su compañero no podía parar de repetir las palabras
de ese hombre en su cabeza: Los adictos pueden ser excelentes súbditos si sabes
cómo tratarlos. Recordó cuando siguió a EunHyuk hasta su casa. Los tipos no se
acercaban a él, de hecho podría decirse que lo ignoraban, en cambio a él lo
acosaban, intentaban tomarlo, un simple descuido y podría morir en manos de
esos.
- ¿De que habló mi
papá? – escuchó la voz de su “amigo”.
- Nada en especial,
solo quería saber qué clase de amigo tenía su hijo – buscó el rostro de HyukJae
en la oscuridad para sonreírle -. Dice que venga cuando quiera.

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