jueves, 15 de agosto de 2013

Cambio de Rol - Capítulo 5





Esa mañana desperté con ruidos fuera del departamento, sonaban como golpes y el llanto de una mujer. Me puse de pie de inmediato, despertando a SeHun, que estaba a mi lado en el sillón.

Asustados nos miramos y decidimos salir a ver. Acomodé un poco la bata que tenía, mientras el chico se prendía los botones de la camisa. LuHan se movió en su sitio, pero no se despertó. Con cuidado abrimos la puerta.

La chica de la noche anterior estaba en la puerta de Tao, haciendo un gran escándalo. Nos miramos unos segundos antes de notar que el chico salía de su apartamento, llevaba puesto sólo unos pantalones. La chica se lanzó sobre él, pero la empujó, haciendo que cayera.

—Te dije que te fueras antes de que despertara —se miró la uñas, como si no hubiese nada más interesante que ello, la chica sólo insistía que lo quería y no sé cuántas cosas más. Cerré mi puerta, hasta que ZiTao volviera a encerrarse. Luego llamé a la chica y la hice entrar a mi apartamento, indicando a SeHun que llevara a LuHan a mi cuarto, lo levanto estilo boda y lo escondió, ella sabía que estaba con SeHun, pero no que el otro también vivía conmigo.

—¿Cómo te llamas? —pregunté apenas cerré la puerta y la observé. Tenía el mismo vestido que la noche anterior, su rostro estaba demacrado por las lágrimas y el maquillaje corrido. Ni hablar de su cabello. No contestó—. ¿Quieres tomar un baño? —señalé la puerta, ella observó a SeHun que estaba sentado bebiendo café.

—EunSeo —su voz sonó rota, me miró a los ojos y luego hizo una pequeña reverencia—. Mi nombre es EunSeo —con tranquilidad me acerqué a ella y tomé su mano para llevarla hasta la mesa. La senté al lado de SeHun y le serví café, al igual que a mi. Me quedé mirándola, ella no quitaba los ojos de la taza, sin moverse.

—¿Qué sucedió allí? —fue entonces que la chica comenzó a soltar lágrimas sin parar, haciendo ruidos extraños mientras su cuerpo convulsionaba por los sollozos. SeHun la abrazó por los hombros, intentando que se calmara, pero eso lo empeoró.

—Él... yo... igual lo acepté... —me miró con los ojos rojos—. Quiero estar con él.

Intercambiamos miradas con SeHun, si esto iba en serio sólo esperaba que no me sucediera a mí, necesitaba entrar a la mansión Huang, pero únicamente podría hacerlo si Tao me lo permitía.

Después de dos horas de llanto, y de tomar una ducha, la chica se marchó, dejando que un LuHan muerto de hambre y enfadado ingresara en el comedor.

—Espero que haya servido de algo —decía mientras vaciaba mi refrigerador. SeHun me observó cómplice y se rió bajito. Me metí al baño para darme una ducha y cuando salí estaba sola en el apartamento.

Observé el lugar, buscando algo para hacer. Tenía una mujer que hacía el aseo, de modo que no me preocuparía por hacerlo, también podría almorzar, pero acababa de desayunar además de que LuHan se había terminado lo que quedaba en mi cocina. Sin saber qué más hacer, me recosté en el gran sillón de la sala para poder entretenerme con la televisión.

Mientras buscaba canales para que pudiese practicar mi chino, sonó la puerta. Me levanté con pesar y me acerqué a ella, preguntando quién era.

—Tu vecino; ZiTao —abrí grandes los ojos antes de buscar las llaves para dejarlo pasar.

A diferencia de cómo se vestía en los días que salía a la universidad, su ropa era cómoda, de entrecasa. Me observó de arriba abajo antes de meterse por completo en mi apartamento y cerrar la puerta tras de sí. Miró alrededor sin decir palabra, lo cual me estaba poniendo algo nerviosa.

—Para haber recibido una beca es bastante grande el lugar —mencionó sin más. Luego se giró para verme de nuevo—. Hay que hacer un trabajo grupal. Se entrega el lunes —ladeé mi cabeza, pero luego noté que en su hombro había una mochila—. Espero no te moleste que haya invitado a unos amigos —comenzó a caminar por todo el living, rozando sus manos en el sillón.

—¿De qué estás hablando?

—El lunes pasado dieron para entregar un trabajo mañana, supuse que como no conocías a nadie podía hacerlo contigo, y unos amigos, claro.

Fruncí el ceño, por supuesto que me molestaba, después de todo yo no necesitaba entregar ningún trabajo, no estaba haciendo la carrera realmente. Pero no pude decir nada. Asentí lentamente. El chico se lanzó en el sofá y se quitó los zapatos, dejando la mochila en el suelo.

—¿Cuántos somos?

—Cuatro.

Hice la cuenta de la comida que me quedaba, no alcanzaría, o alguno se quedaría sin comer.

—¿Cuándo llegarán?

—En una hora.

—¿Y por qué viniste tan temprano?

—Porque estoy aburrido —negué con la cabeza antes de buscar algo de dinero en mi cartera.

—Iré a comprar alimento, vuelvo en un rato, haz lo que quieras —suspiré y salí del apartamento. Llamé a LuHan para que no volviera, pero se me ocurrió algo—. Compra comida por mí, luego tráela, yo haré mi trabajo —y antes de que pudiera reclamar algo, le colgué.

Me acerqué a la puerta de Tao y observé la máquina. Pasé mi tarjeta y marcó verde, sólo quedaba adivinar el número, pero no tenía demasiado tiempo. Así que mirando alrededor, cancelé la operación y saqué el iPod que me había regalado LuHan. Lo conecté y sólo buscó el número de la contraseña. Dos minutos más tarde ya estaba dentro.

El apartamento era parecido al mío, aunque se notaba que pertenecía a alguien que le gustaban las artes marciales. Tenía en las paredes varios tipos de armas, algunas que reconocía y otras que jamás había visto en mi vida. Los sillones y las sillas que se veían allí eran de cuero negro, mientras que las mesas y diferentes muebles eran de madera clara, hacían un fuerte contraste, pero a decir verdad quedaban muy bien.

Caminé hasta una pequeña mesa sobre la pared, la cual tenía varios portarretratos con fotos de ZiTao y lo que supuse sería su familia y amigos. Ninguna de las fotos tenían alguna mujer, excepto por su hermana y madre, quienes en verdad eran muy hermosas. Seguí caminando por el apartamento, estaba realmente ordenado, en su cocina no había ni una botella de agua, lo cual me extrañó bastante, porque jamás escuchaba que alguien le llevase comida, o quizás salía a comer, pero eso no estaba en el informe, además de que creí que la mujer que limpiaba quizás le hacía el favor de comprar el alimento y prepararlo ella misma.

Me introduje en el baño. Limpio. Organizado. Había muchos productos para la piel y el cabello, además de algunos accesorios e incluso maquillaje. Solté una carcajada inconscientemente, me parecía extraño que un hombre se cuidara tanto, cuando algo llamó mi atención: una pequeña foto mía, así es. ¿Por qué rayos tenía una foto mía? Parecía que la habían tomado en la universidad, por la ropa y mi expresión de no comprender de lo que hablaban. Tomé unas fotos del lugar y luego me metí en el cuarto. Cama con cubre azul, me sorprendí luego de ver tanto negro. No había mucho allí, sólo una mesa con perfumes, una gran cantidad de perfumes, y una puerta blanca.

Me dirigí a ella para abrirla y encontrarme con el vestidor más grande que había visto en mi vida, aquel que supuse sólo existía en las películas, pero no, estaba allí, delante de mis ojos. Una increíble cantidad de trajes, camisas, zapatos, corbatas, incluso ropa de fiesta y para hacer deporte de marca. Fotografié todo y abandoné el departamento, cuidando de que nadie me viera.

Justo entonces llamó LuHan. Le atendí con una sonrisa.

—Tengo tus cosas, pero no puedo entrar —comencé a bajar las escaleras, después de todo no era un piso demasiado alto—. Kris está aquí, si me llegase a ver sería malo —terminé de descender y me encontré con que el chico realmente estaba allí, intenté escaparme para llegar fuera, donde estaba LuHan.

—Estoy fuera, ¿dónde estás?

—Al frente —crucé la calle y tomé las bolsas que tenía en las manos, realmente había comprado mucha carne—. Creí que me ibas a preparar algo, guarda un poco —asentí y volví al edificio. Llamé al ascensor y me metí, junto a mí ingresó un chico que se me hizo bastante conocido.

—Disculpa —me miró agrandando los ojos, parecía un niño pequeño, pero a pesar de ello parecía grande, quizá tanto como yo—. ¿Te conozco?

—Soy de la universidad, vamos juntos. Soy MinSeok—me sonrió tiernamente, a lo cual respondí de igual forma. Me presenté también—. Qué lindo nombre. Espero que no te demos problemas.

—¿Problemas? —abrí grandes los ojos, ladeando la cabeza.

—Porque Tao nos invitó a tu casa para hacer el trabajo sin permiso.

Sonreí, diciendo que no tenía importancia, incluso mostré las bolsas de comida. Seguimos hablando hasta que llegamos a mi piso y entramos en el departamento.

Allí, sentado junto a Tao estaba Kris. Esa sería una larga tarde.

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