Jugando escondidas
La alarma sonó desde su mesa de noche. DongHae estiró su
brazo y la apagó. Luego volvió a girarse para quedar abrazado a HyukJae.
—Debes irte —murmuró su novio.
—No quiero. —Sus labios formaron un pequeño puchero y se
abrazó aún más a su novio. HyukJae soltó una carcajada.
—Si te acercas solo un milímetro más llegaras un par de
horas tarde —dijo con un tono sugerente.
—No me importaría. —Se acercó un poco más. HyukJae se tensó,
pero luego salió de la cama, colocándose la ropa interior que estaba a sus
pies.
—Vamos. Recuerda tu trabajo. Tu padre te envió a la empresa
para algo, no lo eches a perder. —DongHae se sentó en la cama con sus labios
abultados en un tierno puchero. Su novio tenía razón. Pero luego recordó algo y
comenzó a jugar con sus dedos.
—Hyukie~. —Utilizó un tono meloso que hizo que el otro se
girara para verlo—. ¿Qué pasa si te digo que el jefe quiere conmigo? —Los ojos
del mayor se oscurecieron por los celos—. Ayer dejó en claro, de alguna forma,
que las reuniones que teníamos en las cenas no eran solo por negocios, y que
quería conocerme mejor. Hyukie~, ya
me cansé de hablar con él, creo que ya me conoce lo suficiente… —HyukJae
comenzó a reir ante las palabras de su novio. Se acercó a él y lo besó en los
labios, para luego alejarse un poco y mirarlo a los ojos.
—¿Me quieres decir que en todo este tiempo que salieron, no
te diste cuenta que Cho quería acostarse contigo? —DongHae lo miró
boquiabierto. Él no se refería a eso.
DongHae pensaba que tal vez, el señor Cho no sabía que
estaba de novio y se enojó con él por eso, que ahora que sabía aquello lo iba a
dejar en paz, pero le iba a dar mucho trabajo extra.
Iba a volver a hablar, pero las risas de HyukJae lo
interrumpieron, así que se enojó. Tomó las sábanas y se tapó la cabeza.
—Vamos, Hae. No seas infantil. No tendría que haberme reído
de ti así…
HyukJae se lanzó sobre la cama, justo donde su novio seguía
acostado, y comenzó a hacerle cosquillas.
Así fue que la pequeña “pelea” de la mañana, terminó en una
sesión de risas y besos.
—Hablando en serio —dijo HyukJae, cuando ya se encontraban
cambiados y desayunando—. ¿Cho KyuHyun, que dijo exactamente?
—Bueno… dijo que la próxima semana estuviera más dispuesto a
seguir sus órdenes y luego me trajo aquí. —HyukJae se quedó pensativo.
No era que DongHae fuera tonto, de hecho era muy
inteligente. Su problema era ser demasiado inocente y no captar las indirectas.
De hecho, el mismo HyukJae tuvo que ser muy
directo cuando se declaró, e incluso más cuando tuvieron su primera relación.
—¿Qué piensas hacer? —le preguntó, algo inseguro. DongHae
dejó su taza en la mesa y lo miró serio.
—No lo sé. Tampoco es que me guste la idea de estar con él.
—Son negocios. Te ayudará a ascender más rápido.
—¿No te importa que te engañe? —Los ojos de DongHae se humedecieron.
—¡Por supuesto que sí! Pero… —HyukJae no pudo seguir
hablando, su mirada se posó en el suelo y DongHae se levantó de su asiento para
sentarse sobre las piernas de su novio.
—Te amo —dijo, antes de besar sus labios con ternura.
—¿LuHan?
MinSeok acababa de llegar a la mansión Oh, cuando se
encontró con una figura familiar escondida entre los rosales de la entrada.
LuHan tenía la cabeza escondida entre las piernas y murmuraba cosas que el otro
no lograba entender.
—LuHan, ¿estás bien? —El chico levantó la cabeza y asintió.
—Tengo problemas con SeHun.
—¿Qué sucedió?
LuHan dudó unos segundos antes de contestar.
—Bueno… digamos que encontró con qué amenazarme para que
haga lo que quiera… y ayer… —Tragó saliva.
—¿Qué sucedió?
—M-me besó.
MinSeok ahogó una sonrisa y sentó a su lado.
—¿Cómo fue? Que te amenazó, quiero decir.
—Es que… —Buscó con su mirada antes de contestar—. Tengo un
hyung, y amenazó con que iba a contarle a su padre para lo que vine aquí.
—¿Y qué tiene que ver tu hyung? —preguntó confundido.
—Es una de las razones por las que estoy aquí.
—¿Está enfermo y necesitas el dinero? —LuHan no contestó en
seguida. Primero miró sus manos y luego el suelo.
—Algo así.
SeHun llegó a su casa a las dos de la tarde, como siempre.
Viernes, al fin. JongIn llegaría más tarde para hacer algo
interesante, así que tenía que hacer tiempo hasta que eso sucediera.
No pudo evitar pensar en LuHan. Llamó para que le llevaran
el almuerzo a su habitación. —Lo lamento, pero LuHan shi está ocupado ahora.
Un pequeño tic apareció en el ojo derecho de SeHun. La
mucama que le había dicho aquello se arrepintió.
—¿Y se puede saber que es más importante que yo? —preguntó.
La mujer dudó unos instantes.
—En realidad no sabemos dónde está. Luego de que usted y su
padre se fueran desapareció. Ni siquiera cumplió con sus obligaciones. Lo
siento, señor Oh.
SeHun pateó el suelo con fuerza y caminó pesadamente hacia
su cuarto, golpeando con fuerza su puerta al cerrarla.
En ese momento apareció LuHan riendo junto a MinSeok, por la
puerta de atrás. La mucama enfadada se acercó a él y le golpeó la mejilla,
sorprendiendo a los recién llegados.
—¿Quién dijo que podías saltarte las obligaciones? —dijo con
furia para nada contenida. MinSeok, sorprendido, abrazó a LuHan, que no
contestaba.
—No tiene derecho a golpearlo de esa forma. —La mujer solo
giró su cuerpo y comenzó a caminar alejándose de ambos—. ¡Ey! No terminamos de
hablar.
—Está bien, Minnie. Tiene razón. No tendría que haber
escapado de esa forma. Es mejor que lleve el almuerzo a SeHun…
Ambos se separaron. LuHan caminó cabizbajo hacia la cocina,
bajo la atenta mirada de MinSeok.
La puerta de su oficina sonó. Dejó de escribir en su
computadora e indicó que pasaran.
Estaba esperando a una persona en específico, pero quien
pasó no era el caso, así que volvió su mirada a la pantalla y así seguir con su
trabajo.
—¿Señor Cho? —Lee SungMin intentó llamar a su jefe.
—Si no es importante, vete. Estoy ocupado. —SungMin se sentó
frente a él.
—Necesito algo. Quiero que hagas algo… es más, lo estoy exigiendo.
KyuHyun levantó la mirada, desafiante. Sin embargo, notó que
el mayor no cedía. Dio un asentimiento.
—Quiero que despidas a Lee DongHae. —KyuHyun lo miró con
ojos abiertos.
—Dame tres razones coherentes por las cuales hacerlo.
—Primera. Durante el horario de trabajo se escapa a hacer
llamadas. Segundo, viene de la competencia.
—No van al caso, y no escuché la tercera. —KyuHyun acomodó
sus brazos sobre el escritorio y se acercó un poco a él.
SungMin no contestó en seguida, sino que se levantó y se
colocó con el rostro a unos centímetros del de su jefe, quien se vio
confundido. —Tercero, te necesito.
Luego intentó terminar con el espacio que había entre ambos.
Pero la mano de KyuHyun frenó su avance.
—Llegas tarde. Y no acepto tus respuestas. Vuelve a tu
trabajo.
SungMin se levantó, indignado y salió de la oficina pisando
fuerte.
—Hola, señor Kim —dijo una de las mucamas de la casa Oh,
cuando JongIn llegó—. El señor lo espera en su cuarto.
El chico asintió y subió las escaleras. Tocó la puerta que
pertenecía a la habitación de su amigo. Y a los pocos segundos le abrió un
rostro conocido.
—Eres… —El chico le hizo un gesto para que no dijera nada.
Así que cerró la boca.
—LuHan, recuerda lo que te dije —la voz de SeHun se escuchó
desde dentro. El chico giró, hizo una pequeña reverencia hacia su jefe y se
retiró. JongIn miró a su amigo, que estaba sentado sobre la cama, acomodando su
cabello mojado.
—¿Y ese? —preguntó, queriendo disimular.
—Mi nuevo empleado… ¿por qué? ¿Acaso te gusta?
JongIn miró hacia la puerta con los ojos bien abiertos y
negó con la cabeza.
—No… es otra cosa…
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