Aclaraciones (por las dudas)
Lo escrito normal, es el presente, y los diálogos del presente en itálica son en chino.
Lo escrito en itálica es el pasado, y los diálogos del pasado normal son en chino.
Soy YiFan, no Kris
Todo era ruido, confusión y dolor.
Los miembros de EXO-M miraban alrededor, esperando que
saliera el que faltaba de entre la multitud, con una sonrisa y
tranquilizándolos a todos. ZiTao parecía ser el más afectado y no soltaba la
mano de XiuMin, mientras miraba por donde habían llegado.
El manager hablaba por teléfono y parecía enfadado. —Sigamos
—les dijo apenas cortó la llamada.
—Falta Duizhang —dijo
ZiTao sin querer creer lo que estaba pasando. Ya lo sabían, pero querían
negarlo, no querían que fuese real.
—Dije que sigamos —dijo esta vez más rudo el manager.
LuHan observó al menor con una mirada triste, sabía lo que
estaba pensando, pero no podían hacer nada. Su teléfono vibró, pero no quiso
verlo, sabía quién era, y no tenía ánimos. Le lanzó una mirada a Lay antes de
caminar detrás del manager. Los demás lo siguieron cabizbajos.
Del otro lado del aeropuerto, con una mirada triste y con
lágrimas en el rostro, escondido de todos, YiFan observaba su teléfono
esperando una respuesta. Al no tenerla soltó un suspiro de resignación y caminó
hacia fuera, donde le esperaba un auto negro.
—Sabes que es la única
forma —le dijo una mujer, una vez subió.
—Aun así duele. Eran
mis amigos.
—Si son tus amigos lo
entenderán, entonces.
—¡Duizhang! ¡Mira!
La voltereta me sale. —Tao emocionado le
mostraba a YiFan como había logrado hacer perfectamente el giro que le pedían
para la nueva coreografía.
—Pensé que sabías
hacerla desde antes. —YiFan soltó una
carcajada ante el puchero de su pequeño panda.
—Pero hace años
que no hago estas cosas, gege. —YiFan
acarició el cabello de Tao con cariño y le pidió que le mostrara.
Después de aquello,
llegaron los demás miembros a la sala de ensayo. —Pensé que solo estaría M —le preguntó a Lay en chino. Este negó con
la cabeza y volvió su cabeza hacia los coreanos hablando muy animadamente—.
Sigo sin entender como Tao puede soportar sus burlas.
YiXing miró a su amigo
durante unos segundos con duda. —Sabes que no son malos, solo quieren sacar
el estrés.
—Eso no quita que
sea molesto.
—¿De qué hablan? —preguntó
XiuMin acercándose a ellos con aire relajado. Kris lo observó algo molesto y se
fue a sentar con LuHan que no soltaba su celular. Parecía algo enojado y no
dejaba de teclear con fuerza. A su lado se encontraba KyungSoo que lo miraba
con aire aburrido.
—¿Por qué tan molesto?
—le preguntó a LuHan, que levantó su mirada. Tenía el ceño fruncido y los ojos
rojos.
—No sé cómo lo
hacen. Es la tercera vez en la semana que cambio el número. —Estaba tan molesto que había hablado en un chino rápido y su acento
de Pekín había salido a la luz. Kris rió ante ello—. No es gracioso.
Mierda. Voy a dejar de usar teléfono si
sigue de esta forma.
KyungSoo se levantó y
fue a calentar antes de que llegara el coreógrafo.
Kris quedó mirando que
tanto tecleaba LuHan en su teléfono.
—¿Esos son mensajes de
voz? —El otro solo asintió y luego soltó un gemido de frustración.
—Me rindo. Esto es
demasiado para mí. —Apagó el teléfono y lo dejó a un lado. Kris estiró un brazo
para posicionarlo sobre sus hombros y darle ánimos.
—Intenta no
exasperar. Manager ge se enojará si sabe que dejarás el teléfono.
LuHan asintió y luego
se levantó para calentar junto a los demás. YiFan se quedó sentado unos minutos
más antes de posicionarse a un lado para hacerlo.
Lay y LuHan se habían sentado juntos, mientras que Tao no se
separaba de XiuMin.
—¿Qué te escribió?
—indagó Lay, viendo como el otro miraba la pantalla de su teléfono cada que
podía, leyendo algo en él.
—Que lo perdonemos,
que no es nuestra culpa y que no digamos nada hasta que todo se calme.
—Me dijeron que las redes sociales no dan más con lo de Kris
—dijo el manager, mirándolos desde el asiento de adelante—. Los de K están
llamando a China sin parar. Las fans están como locas. Prepárense para muchas
preguntas en cuanto lleguemos a Corea.
—No creo poder
soportar algo como esto —dijo Lay, encerrando el rostro entre sus manos. LuHan
colocó su mano sobre el hombro del otro, intentando reconfortarlo, pero sabía
que no sería suficiente. YiFan y YiXing, al igual que Tao y él mismo, habían
sido mejores amigos desde que se habían conocido. Que Kris los hubiese cambiado
de esa forma, se sentía como traición.
La llegada a China
siempre era relajante para los miembros del país, mas no para los coreanos, que
siempre iban a preferir promocionar en Corea, donde por lo menos entendían
cuando se burlaban de ellos. Por suerte, esa vez solo iban para promocionar la
nueva canción.
—Me ofrecieron el
papel en una película —dijo Kris la
tercera noche allí, mientras celebraban quien sabe qué. XiuMin y JongDae se
habían ido a acostar, así que solo los miembros chinos estaban presentes.
—¿En serio? ¡Eso
es genial! Espero que esta vez no lo rechacen —dijo Lay, levantando su vaso de cerveza, en forma de brindis.
—O cambien al actor —rió
Tao señalando a LuHan, quien se ruborizó, recordando el cómo llegó a la
pantalla grande.
La SM había rechazado
en nombre de Kris muchos papeles en varias películas y series chinas, y cuando
parecía que habían aceptado uno, se lo dieron a LuHan, quien había “aceptado”,
ya que ni siquiera le preguntaron, ahora debía viajar de un lugar a otro
consumiendo una larga lista de medicamentos, por su gran miedo a las alturas.
—No lo hablaron
con la SM. Me lo ofrecieron a mí.
—¿Qué? No puedes hacer eso. ¡Harás que te corran! —exclamó Tao, casi levantándose de su asiento.
Eso ya lo había
pensado, pero tenía todo decidido.
—Yo mismo saldré
de ahí. Ustedes saben que nunca quise ser cantante.
—¿Nos dejarás solos? ¿Nos abandonarás así?
—No es tan así, chicos. Jamás los dejaría al azar. Me
ofrecieron puestos para ustedes también. Dejemos esto. Las lunáticas, los días
sin dormir, las lesiones y tener que presentarnos con ellas…
—No estás siendo justo, duizhang. —Lay no podía evitar sorprenderse con lo que estaba escuchando—.
Creí que éramos un equipo. La china-line
de SM.
—¿Cuándo te irás? —fue
lo único que LuHan pudo pronunciar. Todos lo observaron curiosos. Ellos se
conocían tan bien entre ellos que estaban evitando lo inminente. YiFan jamás
dudaba de lo que quería. Nunca había querido debutar en EXO, había llegado a
aceptar por la salud de su madre y por el dinero que supuestamente podía llegar
a ganar si lo hacía. Ya había amenazado en irse una vez, pero esta vez era
diferente, LuHan se daba cuenta de ello. Los otros dos también lo sentían, pero
querían seguir negándolo.
—No pienso volver
a Corea, si esa es tu pregunta. —LuHan
asintió y terminó su vaso de cerveza, antes de dejarlo en la cocina.
—Espero que seas
feliz, entonces. Me voy a dormir. No tarden demasiado.
—¿Qué mierda fue lo que pasó con Kris? —fue lo primero que
gritó SuHo apenas entró en el departamento y vio a los miembros de M sentados
en silencio. Los cinco lo miraron con ojos perdidos y no preguntó más.
—Al parecer canceló su vuelo desde el hotel, y nos acompañó
hasta el aeropuerto. No sabemos nada de él ahora —mintió LuHan, apretando el
teléfono en su bolsillo. No dejaban de llegarle mensajes. Lay lo miró con el
ceño fruncido, pero cuantos menos supieran mejor para todos.
—Ya veo.
Los miembros de K se sentaron en los sillones mientras
relajan sus músculos. Todas las actividades que se habían planeado durante el
día fueron canceladas.
—¿Cómo se sienten? —preguntó ChanYeol al aire, como temiendo
de que alguno explotara.
—Mal —respondió Lay, mirando fijamente a Tao, que no había
dicho una palabra desde el aeropuerto—. Quiero creer que es mentira, pero ya se
confirmó la demanda.
Los miembros de K miraron al manager y luego entre ellos.
Todos se encontraban en silencio. Quietos. En una atmosfera
fría.
Durante el transcurso de la tarde, todos se fueron a
acostar. Los últimos en quedarse fueron los miembros chinos, que necesitaban
hablar.
—¿Entonces eso es
todo?
—No quiero hablar con
él. No pienso hablar con él —dijo Tao, al ver como los otros dos sacaban
sus teléfonos.
—Ya lo sabías, Tao. No
seas de esa forma. Estas enfadado. Necesitarás hablar algún día.
—No lo entiendes. Él
me lo había prometido. Amigos hasta el fin de los días. —Las lágrimas
comenzaron a desplazarse por sus mejillas. Lay se levantó y se acercó para
abrazarlo maternalmente. LuHan los observaba en silencio, apretando su teléfono
y sintiendo como un nuevo mensaje llegaba a él.
—Él quiere que lo
escuchemos.
—Ya lo hemos escuchado
lo suficiente, LuHan. Si nos quisiera tanto como siempre dijo, se hubiese
quedado con nosotros.
Tao y Lay se levantaron y se dirigieron a las habitaciones.
LuHan observó la pantalla aún iluminada de su celular, con
el último mensaje de YiFan: “Sabes por
quien lo hago. Amaré a EXO siempre. No me olviden.”
Se levantó, dirigiéndose a su bolso de mano. De este sacó
una pequeña caja que contenía una gran cantidad de pastillas, las benditas
pastillas que Kris le había prohibido consumir. Pero si quería dormir, debía
tomar al menos una.
—¡Ya déjalas!
¿Acaso quieres morir? —LuHan levantó la
vista. Kris estaba parado frente a él, con la botella de agua que se suponía usaría
para tragar su pastilla—. Estas abusando. Te dijeron no más de tres a la
semana.
—¡La necesito!
—¿Para qué?
Mierda, LuHan. No las necesitas. —El más
bajo intentó tomar la botella que Kris le había quitado.
Estaban a punto de
subir al avión, y Kris había visto a LuHan alejarse de todos.
—Por favor, Kris.
No puedo viajar de otra forma. —El otro
no lo escuchó. Estiró la mano y le pidió que le diera el pote—. Kris, no
tienes idea de lo que me estás haciendo.
—Sí lo sé. Y no
soy Kris. Soy YiFan. El año pasado tuviste una sobre dosis de esta cosa. No voy
a dejar que ocurra de nuevo. Siéntate conmigo. Estarás bien.
LuHan asintió de mala
gana, dándole las cosas a YiFan, antes de ir a sentarse junto a XiuMin, que le
tomó la mano con cariño.
Esa misma noche,
llegaron a China y se fueron a acostar directamente. El día siguiente tenían
una entrevista para una revista.
—¿Dónde está Kris? —preguntó
el manager a los chicos.
—Dijo que iba al baño.
—La sesión comienza en
diez minutos. Más vale estar.
Después de unos
minutos de haberse ido el manager, Kris apareció con una mueca extraña en su
rostro y una mano en el bolsillo.
—¿Pasa algo? —le preguntó Tao preocupado.
—No, nada.
El resto de la semana fue dolorosa para todos. Las
promociones de K seguían en la televisión coreana, mientras que EXO completo
comenzó a presentar su primer concierto en Seúl. Por otro lado, ninguno sabía
nada sobre Kris. El único que seguía en contacto era LuHan.
“Ven conmigo”, “Recordemos los viejos tiempo juntos, cuando
todo estaba bien”. Decían la mayoría de los mensajes. LuHan intentaba que
nadie notara sus escapadas furtivas durante la noche, en las cuales hablaba con
YiFan a escondidas de todos. Noches durante las cuales le era imposible dormir.
Noches en las cuales se mantenía llorando por no poder sentir su corazón latir
como antes, como cuando estar sobre un escenario se sentía bien, y no una
obligación. Cuando podía contar sus secretos a alguien con confianza.
EXO se había convertido en una competencia durante el último
año. Quien obtenía mayor popularidad, quien podía hacer gritar más a sus fans,
quien tenía mayor cantidad de cartas…
Eso no le gustaba. Él solo quería cantar, disfrutar mientras
bailaba y las personas le admiraran por el talento que se le había otorgado. No
era tan buen bailarín como Kai o Lay, su voz tampoco era tan buena como las de
Chen, D.O. o BaekHyun. Sin embargo, era constantemente obligado a representar
visualmente al grupo. Eso no le molestaba en absoluto. Se sentía bien con el
cariño de sus fans. El problema era que tenía más atención en su persona de la
que podía soportar.
Por otro lado. Kris se sentaba en uno de los sofá de su
nuevo departamento, al cual se había mudado junto a su madre en cuanto se
inició la demanda. Observaba por la ventana el cielo estrellado, y podía sentir
la nostalgia recorrer su pecho al recordar aquella confesión hecha a las fans y
por la cual había sido apodado “Galaxy”. En sus labios se formó una sonrisa
mientras de su ojo izquierdo caía una espesa lágrima.
Había luchado por no llorar durante toda la semana, se había
decidido ser fuerte, enfrentar su decisión con madurez. Pero su corazón no lo
permitía. Había recibido los mensajes de los otros miembros llamándole traidor.
Esa sola palabra era demasiado dura. Aunque cierta. No podía
negar que se había comportado infantilmente. Simplemente se había ido. Sin
preguntar. Sin comprender los sentimientos de los demás.
Inhaló con dificultad, gracias al nudo que se le había
formado en la garganta, y el primer sollozo escapó de sus labios.
—Kevin, cariño, ¿qué
sucede? —Su madre estaba parada, en la puerta de su habitación, con su bata
de dormir. Le miraba con ojos preocupados. YiFan solo negó con la cabeza,
intentando borrar el rastro de lágrimas que cada vez aumentaba más sobre sus
mejillas. La mujer se acercó a él y le abrazó. —Shh, tranquilo, mi amor. Todo va a estar bien.
—No lo está. Ellos me
odian. Ni siquiera quisieron escucharme. —La mujer tomó el rostro de su
hijo entre sus manos.
—No tienes el poder de
controlar las acciones de los demás. Cuando se sientan preparados, ellos lo
entenderán. —YiFan negó con su cabeza, soltándose del agarre.
—No lo entiendes,
mamá. Ellos en verdad me odian. Ya sabían el porqué de mi decisión, y aun así
me llamaron traidor.
—Entonces no eran tus
amigos.
—Solo uno me preguntó
por ti. Mamá, pasé años compartiendo con ellos, dando todo de mí. Y así es como
me lo devuelven.
YiFan salió del hotel
diciendo que debía hacer algunos trámites. Pero apenas subió al taxi, sacó la
pequeña nota que había guardado desde hacía unos días.
No tenía idea de a
dónde iba. “Si quieres la solución para tus problemas, ven a verme. XJL”. Seguido a esto, tan solo había una
dirección con la fecha y horario.
Apenas llegó, se dio
cuenta de que el sitio era un café. Un hombre lo esperaba en la entrada y lo
acompañó hasta una mesa en la que estaba sentada una mujer, de aproximadamente
treinta años.
—Buenos días,
YiFan.
—Esto es extraño.
Que alguien fuera de la empresa me llame por mi nombre. —La mujer le sonrió y le hizo una seña para que se sentara. Kris le
hizo caso, y ambos esperaron a que les llevaran un café.
—No daré rodeos.
Te quiero en mi película —dijo la mujer,
mirándole a los ojos. Kris, que estaba bebiendo, casi escupe el café. En verdad
no estaba dando rodeos.
—¿No debería
hablarlo con la empresa? Ellos arreglan todo para nosotros. —Intentó tranquilizar su entusiasmo ante tal
propuesta.
La mujer le sonrió, y
bebió un poco de su café antes de responderle.
—Mucho gusto, soy
la directora Xu Jung Lei. —Le extendió su
mano, y el otro inclinó la cabeza, al mismo tiempo que la tomaba. La mujer se
puso seria—. Créeme, he intentado contactar con ellos muchas veces. Me
negaron utilizarte cada vez y me ofrecieron a otros actores.
—¿Y por qué tanta
insistencia?
—¿En verdad
quieres saber? Eres realmente bueno con tus expresiones. Déjame hacerte el
favor. Te harás aún más famoso de lo que eres ahora. Tendrás libertad de
aceptar lo que quieras hacer y negarte a lo que no te gusta. —Kris estuvo tentado en quedarse, lanzarse a
los pies de esa mujer, que le prometía el mundo, pero tenía sus principios. No
dejaría a sus compañeros, no abandonaría tantos años de cariño, de sacrificios
y esfuerzos.
—No…
—¿Tampoco por la
cantidad de dinero que te ofreceré por cada película? —Tomó una servilleta de la mesa y escribió algunas cifras, antes de
entregársela a un sorprendido Kris. —Conozco bien la situación económica de
los empleados de esa empresa. Y si alguien me interesa, haré lo que sea por
saber que necesita. Dale saludos a tu madre.
—Seguido de esto, se levantó, dejando el dinero para pagar ambos café, y se
retiró.
Kris miraba aquel
pedazo de papel con la cifra escrita. Era lo suficientemente grande como para
cubrir los gastos de su madre, quizá dos tratamientos. Y eso, sin contar el
deshacerse de todo lo que traía consigo ser un idol. Sin personas que
calcularan cada aspecto de su vida, sin miles de personas acosándole y
gritándole cosas indecentes.
Pero se le encogió el
corazón al pensar en sus compañeros. ¿Qué pasaría con ellos? ¿Sería bueno
contarles?
Prefirió volver con
ellos y luego tomar una decisión. Metió la servilleta en la taza, borrando todo
rastro del trato y salió del café, para buscar otro taxi y así volver al hotel.
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