miércoles, 24 de septiembre de 2014

UnderWorld - Epílogo








La mujer estaba sentada en la punta de la mesa. Su hijo, lo único que le quedaba en ese mundo había desaparecido, sabía el porqué, pero no podía… no quería aceptarlo.

El timbre de su puerta sonaba, pero no quería atender, sabía quién era.

Fue entonces cuando escuchó la voz que no quería escuchar.

- Madre… - inmediatamente se levantó del asiento y observó a su hijo. Había entrado por alguna ventana que había dejado abierta. Venía a buscar respuestas, eso lo sabía, pero no quería decirlas -. Por favor – otra vez su rostro arrepentido, ese que siempre lo había caracterizado, por él siempre había confiado en que su hijo, su ángel no llevaría la misma vida de su esposo y su hijo mayor.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, no podía evitar sentirse como una burla para los hombres de esa familia. A pesar de que sus padres le habían dicho que era mala influencia se había escapado.

- ¿Qué quieres? ¿Acaso no te parece que ya perdí lo suficiente? – las lágrimas de sus ojos no paraban de salir, mostrando lo indefensa que se sentía.

DongHae no pudo evitar que su corazón se retorciera al verla así.

- Mamá… solo quiero saber eso. Te prometo que no estarás sola – se quiso acercar para abrazarla pero la mujer retrocedió hasta que se topó con la mesa.

- Un adicto lo atacó, ¿era eso lo que querías saber, no? Ahora vete. No quiero que vuelvas a pisar esta casa. Ninguno de los dos – luego le dio la espalada.

DongHae no le había dicho que su hermano estaba muerto, no sentía que fuera lo correcto. Luego de que la madre de HyukJae hubo regresado al barrio sola, visitó a la suya buscando a su hijo, contándole quien era en realidad Hae, y claro que se llevó una sorpresa cuando el chico le ofreció trabajar con él.

Su plan era simple, seguir pasando desapercibido en la escuela, mientras alguien cuidaba el negocio, pero el que su madre se enterara de todo no estaba allí. Solucionable, pero no podía soportar que su madre lo odiase.

Las palabras dolieron, y mucho, no para uno sino para los dos. Sabían que no volverían a verse.

- Lo siento mucho, mamá. De verdad lo siento mucho – dijo, dejando en el suelo una pequeña cajita. Dio un último vistazo a la casa, antes de volver a salir por la ventana.

La mujer, intrigada por lo que había dejado el chico, buscó la cajita y la abrió.

El llanto se hizo nuevamente presente, haciendo que se derrumbara en el suelo y lanzara gritos desesperados. Gritó tanto que su hijo, que ya estaba con dos cuadras de distancia, la oyó, haciendo que más lágrimas cayeran de sus ojos, sabiéndose las últimas de su vida las disfrutó, disfrutó su sabor salado y los sollozos y espasmos que hacía su pecho cuando salían.

Un relicario que contenía una pequeña foto de la familia Lee, cuando eran cuatro, colgó del cuello de la mujer hasta que su vida se la llevó Dios, e incluso luego de eso.


Nadie más supo sobre lo que sucedió con el joven DongHae luego de finalizar la escuela. Solo rumores, como esta historia. Solo leyendas urbanas de como el rey del inframundo logró su cometido: ser obedecido.

FIN





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