- DongHae, hijo. Tengo
que hablarte sobre algo. ¿Podrías venir unos minutos? – Hae dejó el mando del
juego y fue hasta el comedor. Allí se encontraba su madre, algo molesta con su
mochila en mano… ¿de dónde la había sacado? Entonces recordó el día anterior,
la había lanzado sobre el sillón y ella había hecho una cama allí. Seguramente,
para no molestar a los invitados, ni asustarlos, había guardado su charla para
luego. Sin querer una sonrisa se escapó de su boca -. ¿Piensas que es gracioso?
Sabes lo que pienso acerca de unirse a pandillas…
- Mamá – se acercó
hasta ella y tomó la mochila -. No estoy en una pandilla ni nada de lo que
piensas. El arma – sacó el elemento – es porque hace unos días unos hombres
intentaron asaltarnos a EunHyuk y a mí, no te lo conté porque no quería
asustarte. Así que en una lucha justa le quite su arma y corrió. Olvide ir a la
comisaría a entregarla – dijo sonriéndole para tranquilizarla.
- ¿Y las hojas?
- Las encontré tiradas
y pensé que estaba mal no reciclar.
- Lo siento, hijo. Ve
y sigue con lo que hacías. ¡Pero no olvides ir pronto a la comisaría! No quiero
armas de ese tipo en esta casa… no otra vez – esa frase cortó todo movimiento
por parte de DongHae ¿otra vez?
- ¿Otra vez? –
susurró. La pieza que faltaba. Sin querer corrió a su cuarto y cerró la puerta.
Buscó una hoja y
comenzó a anotar números. 7 años cuando comenzó. 6 años cuando su hermano
escapó. 4 años cuando su padre murió por
causas…
Nadie le dijo nunca
como había fallecido. Dio gracias a que HyukJae se había ido con su hermana a
pasear por ahí, sino no hubiese recordado la discusión de su hermano y su madre
al cumplir 5 años. Ella lo culpaba por seguir pasos, y él que era su deber. Al
fin lo pudo entender. DongHwa jamás había mencionado como había conseguido el
puesto de jefe. ¡Su padre lo era! Por eso le había prohibido hablarle sobre el
tema a su madre.
Tomó las hojas sobre
como producir la droga y comenzó a diagramar las mezclas ya hechas y como
habían funcionado. La respuesta estaba en el sujeto 9. Este había sobrevivido a cinco dosis antes de
caer en un síndrome de abstinencia fuerte.
Volvió a tomar las
medidas y plasmarlas en otro papel en limpio. Agradeció que su hermano siempre
le daba para que tuviera por cualquier cosa que le sucediese algunas drogas y
materias primas, de las cuales necesitaba la mayoría.
Estuvo hasta bien
entrada la noche mezclando, cortando, picando, hasta que al fin dio con el
resultado que necesitaba. Justo a tiempo que HyukJae ingresaba en el cuarto.
- ¿Dónde está? – le preguntó
apenas el otro se sentó en su cama.
- ¿Eh?
- Tú hermana.
- Ah, en el cuarto…
- ¿Qué le hiciste a tu
cabello?
- Lo oscurecí de
nuevo, ¿no te gusta?
- ¿Ahora qué haré con
tu lindo apodo? – preguntó dramático. El otro solo rio, lanzándole un almohadón
-. Ahora vuelvo.
Y así fue que tomó una
de las jeringas preparadas y se dirigió al cuarto de su madre, donde SoRa
seguía quedándose. Ingresó sin tocar y clavó la aguja en el brazo de la chica.
- Tírate en la cama –
ordenó, ella lo hizo -. Levántate y vístete con un vestido blanco – y lo hizo.
DongHae sonrió
satisfecho y se fue a acostar, para dormir en su cuarto.

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