domingo, 16 de marzo de 2014

UnderWorld - Capitulo 9








- Appa, appa – decía un pequeño niño, buscando en la casa.

- Estoy aquí – escuchó que le gritaba desde uno de los cuartos. El pequeño se acercó a la puerta y la abrió, sonriendo por al fin encontrar a su padre, este le sonrió y lo tomó en brazos, subiéndolo al escritorio -. Mi hijito, ¿puedo probar algo nuevo? – el niño asintió y estiró su pequeño brazo, enseñándoselo.

El hombre colocó una cinta de tela en el brazo del niño y buscó una de las jeringas que había preparado. Pinchó a su hijo y soltó la cinta mientras introducía el líquido en el cuerpo ajeno, observando detenidamente las reacciones del menor. Primero dolor por el pinchazo, luego de unos minutos notó que el niño comenzaba a caer hacia delante. Se apuró a sostenerlo antes de que callera y le preguntó cómo se sentía.

- Mareado – dijo con voz suave -. Pero no me gusta, parece que estoy volando. Que el piso es nube – el hombre dejó al niño en el suelo parado y observó cómo caminaba mientras anotaba en su pequeña agenda negra.

- ¿Qué color ves?

- Morado, pero a veces parece azul – el hombre sabía que el niño solo diría la verdad, y que el efecto duraría poco.

- ¿Qué sucedería si te dijera que te subas al escritorio?

- Lo haría – y lo hizo.

- Ahora salta – el niño le hizo caso, pero al caer se torció el tobillo y comenzó a gritar de dolor. Una adolescente entró al cuarto y tomó al niño entre sus brazos.

- Te he dicho cientos de veces que dejes de tratarlo así. Ya deja tus estúpidos experimentos. Prueba con los idiotas que compran tus drogas – le gritó. El hombre cerró su agenda enfadado y se acercó a la chica, le lanzó una mirada de odio y superioridad antes de golpearle la mejilla con toda la fuerza que fue capaz de utilizar -. ¿Qué harás cuándo crezca y se dé cuenta de lo que le haces?

- Vete de mi casa. No  te quiero ver nunca más.

- No me iré sin él – abrazó con mayor fuerza al niño que tenía en sus brazos.

- No sé qué tiene de importante para ti, ni siquiera es tu hermano, sabías porque lo traje.

- Apenas tiene 9 años…- quiso protestar, pero la interrumpió el hombre.

- Bien, haremos un trato. Tú te vas, y él no será más mi conejillo de indias.

La chica observó el suelo durante unos segundos, luego vio el rostro de ese niño que había robado su corazón y nuevamente a su padre.

- Bien, pero me dejarás despedirme.

- Todo tuyo – dicho esto, el hombre salió de la habitación.

La chica sentó al niño delante suyo, aún tenía las pupilas algo dilatadas por el efecto de la droga que su padre le había dado. Le tomó las mejillas y le obligó a mirarle a los ojos.

- HyukJae, escúchame bien. No importa lo que él te diga, no vuelvas a dejar que te dé medicina, ¿oíste? – el niño asintió.

- Nunna, no te vayas – la abrazó, ella no pudo hacer más que lanzar unas lágrimas.

- Debo ir a la universidad. No puedo volver – le tomó el rostro para verlo, sabía lo que decía su padre con “tú te vas”, y no era exactamente irse a vivir a otro lado.

Luego se fue. HyukJae nunca la volvió a ver, pero sabía que se había ido a la universidad. A todos hablaba de su hermana mayor, orgulloso. Su padre no le había vuelto a dar medicina, pero las marcas de los 7 años que lo había hecho, aún estaban en sus brazos. Además, esa fue la primera de muchas mudanzas… la primera vez que cambió de escuela y la última vez que tuvo verdaderos amigos, como él le decía a una relación con sus compañeros cercanos.



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