domingo, 16 de marzo de 2014

UnderWorld - Capitulo 10









- Entonces, ¿Tú eres el hijo del jefe? – uno de los hombres que tenía al frente lo miraban dudando.

- Así es. Me entrenó durante estos años para que guiara el negocio – habló el adolescente. Todos los hombres se observaron.

- ¿Cómo sabemos qué no mientes? – lo amenazó con un arma.

- Fácil – se cruzó se brazos y comenzó a caminar hasta el escritorio y se sentó en la silla antes utilizada por su padre -. Tengo todos los registros de cada uno de ustedes. Sus casas, familias… no sé, ¿les gustaría regresar algún día y encontrar a su hijo colgado en la ducha? – los hombres comenzaron a observarse entre ellos nerviosos -. Veamos… - sacó de su bolsillo una hoja escrita por él mismo y sonrió al ver su reacción -. No pensarán que traería los registros. Lobo… tu nombre no lo diré, pero tu linda hija seguramente se sentirá muy sola cuando su madre no vuelva una noche, seguro se esconderá debajo de la cama y cantará hasta que tu llegues… también estará con su muñeca… ¿Juliana? – observó al que se había encogido hasta parecer un niño indefenso. El chico soltó una pequeña carcajada -. Podría hablar de todos, pero pienso que ya entendieron – los hombres se arrodillaron ante él y soltaron el juramento.

Fue entonces que Lee DongHwa se convirtió en el rey del bajo mundo, el inframundo. Un imperio de drogas y alcohol.

Luego de la muerte de su padre, tuvo que mudarse a ese barrio, para controlar todo. No confiaba demasiado en nadie, y nadie confiaba en él. Sin embargo, luego de un año, se dio cuenta de cómo quienes lo rodeaban no le tenían respeto, incluso había escuchado sus conversaciones. Lo llamaban idiota, incluso habían planeado un motín. Pero no, eso no ocurriría. Aún tenía un as bajo la manga: el ángel de la familia.

Así le llamaban su madre y él. Su pequeño hermanito, es ser más puro e inocente que había conocido. Necesitaba su aspecto para conseguir más clientes, necesitaba su aspecto para pasar inadvertido.

Volvió a su casa, mas no ingresó ni tocó la puerta. Solo esperó que su hermano volviera a la casa.

Esperó. Y esperó. Ya eran las seis de la tarde y se preparó para verlo aparecer en la esquina.

Se veía tan hermoso… apenas 7 años. Se apresuró para parar frente a él. El niño estaba sorprendido al ver a su hermano.

Ambos fueron a la plaza y hablaron, rieron, comieron, hasta que pasó una hora. DongHwa le prometió volver. Así pasó una semana.

- Hae – el menor lo miró mientras terminaba su helado -. ¿Te gustaría trabajar conmigo? – el niño lo observó por unos momentos antes de asentir sonriente -. Pero debes hacer todo lo que te diga, ¿esta bien? Sea lo que sea y en cualquier momento del día.

- Hyung… si digo que no, ¿no me vendrás a ver nunca más? – el niño parecía triste, lo que el mayor aprovechó para tomarlo del mentón y mirarlo a los ojos.

- Si dices que no, no podré regresar a verte, si dices que sí vendrás todos los días a visitarme - el niño sonrió y abrazó a su hermano mayor.

- Entonces sí.

- Espérame esta noche en tu ventana. ¡No te duermas! – el niño negó y el mayor se levantó del asiento del parque -. No le digas a mamá.

Dicho esto se alejó de su hermano.

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Pasaron dos años antes de que sucediera. DongHwa esperaba que su pequeño hermano fuera algo más audaz, pero no fue sino, hasta que envió a Judas a que abusara de él, que el niño se volvió el ser más demente que hubiese conocido. Ya no temía, era temido, y mucho. Sin embargo su aspecto lo ayudaba a que nadie le acusase de nada. Como era uno de sus ayudantes, no le dejaba utilizar la mercancía, no necesitaba personas fuera de sí para protegerlo.

No fue hasta años más tarde, que ese hombre llegó al barrio. La primera vez llegó ofreciéndole mercancía, pero eso no le importaba, él mismo producía y vendía. La segunda un trueque, quedarse a vender su producto y no se molestaban. La tercera, sin embargo, no fue para hablar de negocios, no.

- Dile a tu hermano que deje en paz mi casa. No quiero volver a verlo en los alrededores. No responderé a mis actos.

DongHwa no sabía que decir. Solo dejó que el hombre se fuera.

Pero al día siguiente, DongHae irrumpió en su cuarto, exigiéndole explicaciones de quien era ese hombre. Le retó, le dijo que no volviera hasta que se solucionara todo. La verdad no era alguien sin corazón, era su hermano, y si algo le sucedía su madre quedaría sola.

Y ahora estaba solo sentado en su oficina, jugando con la lapicera. Por primera vez en su vida se arrepintió de haber invitado a su hermano a ese mundo. 

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