- Ah… ah… - se
escuchaban los gemidos desde la cama de su hermano. Sabía que ese día iría
alguna chica para conseguir algo de su adicción y él la recibiría con placer.
DongHae solo intentó evitar seguir escuchando y se dirigió directamente al
escritorio de su hermano. Deseaba poder descubrir lo que ocurría con la familia
de EunHyuk, porque cambiaban tanto de lugar de residencia.
Luego de dos días de
haber dejado el “hogar” de DongHwa, HyukJae no había vuelto a su casa, se
sentía traicionado, y DongHae le había ofrecido la suya como guarida hasta que
pudiera volver a ver el rostro de sus padres, pero claro, a cambio de
información. Solo necesitaba aquella agenda que su hermano se había quedado.
La tomó y salió de
aquel lugar. No dejó de correr hasta que llegó a su casa, donde su madre y el
chico lo esperaban. Guardo la agenda en la mochila, junto a su arma e ingresó
en la casa luego de haber recuperado el aliento.
Una sonrisa inocente y
feliz se formó en su rostro al ver a esas dos personas sentadas en la mesa,
esperándole para cenar.
Comieron
tranquilamente, charlado sobre cualquier cosa. La escuela, el trabajo de la
mujer, como se habían conocido… porque HyukJae había terminado viviendo en su
casa. La excusa para su madre había sido simple: “Me peleé con mis padres y no
quiero volver”, había dicho.
Al terminar de comer y
ordenar la cocina, ambos chicos se fueron a la habitación. La casa era pequeña
y no habían podido ofrecer un cuarto de huéspedes, pero habían acondicionado el
cuarto de DongHae con un colchón, y allí dormía su amigo.
- Lo que dijo tu padre
aquella vez – mencionó Hae observando el techo, luego de acostarse -… lo de si
éramos pareja, lo decía realmente porque tú eres…
- Sí, es que, para que
dejaran de molestarme con que encontrara una chica para presentarles les dije
eso – hizo una pequeña pausa -. Luego me di cuenta de que era real… tu no
pareces tirar para ese lado – mencionó.
- No lo hago – rio -.
De hecho no podría contar las chicas con las que he estado, jamás me llamó la
atención el otro bando – DongHae se sentía extraño hablando de temas normales y
riendo tan naturalmente con alguien. Al parecer que HyukJae conociera su
secreto, le hacía pensar diferente sobre su vida. Ambos habían pasado por casi
lo mismo. Desde las mentiras de sus padres hasta el abandono de un hermano. No
exactamente igual, pero casi podría decirse que no hablar sobre ello, a pesar
de compartirlo, mejoraba su humor -. Solo hay una cosa que sigo sin entender…
esas marcas, ¿Por qué son… porque fueron? – un silencio largo se hizo en la
habitación.
- No lo sé. Cuando era
pequeño mi padre debía ponerme medicinas, pero luego de que mi hermana
ingresara a la universidad dejó de hacerlo – esa era siempre la explicación que
daba, pero no terminaba de convencer a DongHae.
Luego de charlar un
rato más, EunHyuk se durmió, dándole pase libre al otro para buscar en su
mochila y dirigirse al baño con la agenda.
Comenzó a leerla, esta
vez desde el principio. Había anotaciones desde hacía más de diez años. Tanto
tiempo y quizás más tardaron en descubrir cómo hacer que alguien hiciese lo que
otro deseaba. Según comprendió en las notas, estaban ideando una materia prima,
que mezclada con cualquier droga que causase adicción, hiciesen que una persona
obedeciera.
El hecho de que
alguien obedeciera era algo fácil. Solo alteraban unas hormonas que burlaban la
razón de la persona. Adormecían la zona del cerebro que controlaba la función
motora del organismo, para que actuase por instinto. Una vez más leyó con
detenimiento los experimentos con los diez sujetos del barrio, y los
anteriores. En ese punto estaban investigando el nivel de adicción que producía
lo inventado por ellos con cualquier droga, era altísimo y el cuerpo no
terminaba de acostumbrarse al nivel ingerido cuando el adicto ya se desesperaba
por el síndrome de abstinencia.
Siguió leyendo y
pasando las páginas cuando llegó a unas hojas arrancadas colocadas al final.
Parecían ser más viejas que ninguna. Hablaban sobre cómo comenzó la
investigación, el secuestro de un pequeño niño y las reacciones ante cada
inyección.
- ¿HyukJae? – solo
pudo pronunciar al terminar de leer aquello.

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