—Rayos, Minnie. Cierra las malditas cortinas —grité al sentir el sol pegando de lleno en mi cara.
—Debiste pensarlo mejor antes de venir a vivir a mi casa —me respondió, sentándose a mi lado—. Y usar mi cama...
—Vamos, ¡ese sillón es una pasada!
—Si es una pasada, ¿por qué no vas tú a dormir allí?
—... —me dejó sin palabras. Me senté con mucho esfuerzo y restregué mis ojos, intentando acostumbrarlos a la luz. Me estaba mirando... con esa carita de circunstancia que pone cuando hago algo mal... Le sonreí de lado—. Entonces... dormimos juntos —me miró mal. Se levantó de la cama y me lanzó un par de prendas.
—¡Cuando dejes de dormir desnudo!
Solté una carcajada, antes de levantarme y ponerme la camiseta y el pantalón que me había dado, luego salí del cuarto para encontrarme con uno de sus desayunos coreanos.
—¿Aún no te acostumbras? —pregunté, sentándome y tomando unos palillos.
—Es más difícil de lo que parece, ¿cómo lo hiciste tú?
—Porque fue mi decisión hacerlo —comencé a tragar la comida, mientras me miraba.
—Se lo dijiste, ¿verdad? —dejé de moverme—. ¿Y no se quiso ir? —negué con la cabeza gacha—. LuHan...
—Está bien. Aceptó lo que podría pasar —seguí comiendo.
Al terminar, MinSeok se fue a la universidad, mientras yo buscaba algo que hacer.
Mi amigo nunca fue una persona demasiado divertida, se dedicaba a ordenar y limpiar su cuarto, en este caso departamento.
Tomé mi bolso y las carpetas de los agentes en la ciudad. Me sentí mal por hacerle creer que ChanYeol, BaekHyun y MinSeok eran agentes, pero realmente quería que se fuera. Corría demasiado peligro con esa misión.
Después de descubrir que tanto Tao como el jefe estaban detrás de todo, me dediqué a espiar al primero con más énfasis, descubriendo el club manejado por su padre y la droga para los agentes más nuevos.
Inmediatamente recordé lo que había sucedido en Corea.
Después del altercado con Kris, la empresa me facilitó la mudanza a otro país, elegí Corea. Me asignaron dos compañeros nuevos, SuHo, quien tenía algo de experiencia y era bueno en lo que hacia, y DO, quien acababa de salir del entrenamiento.
Ambos tenían un comportamiento extraño luego de cada misión, fue después de la décima misión exitosa que me llevaron a festejar con ellos. No me gustaba beber demasiado, así que sólo pedí un trago, con el que me comencé a sentir mal... demasiado para ser tan sólo un vaso.
Después de observar varios minutos al cantinero, luego de haber dejado el trago a medio tomar, noté como en cada vaso metía un par de pastillas. Olí mi vaso, sólo apestaba a alcohol. Entonces los vi.
SuHo y DO estaban hablando con un hombre, quien les golpeaba el hombro y luego les entregaba un paquete. Ambos se sonreían. Seguí al hombre un par de minutos, se acercaba a determinados grupos y entregaba el mismo paquete que a mis compañeros. Quise acercarme, pero algo me alejó, además de que estaba mareado. Intenté liberarme, pero el que estuviese tan mareado no ayudaba demasiado.
Sentí una brisa fresca en mi rostro, estaba fuera.
Pronto descubrí el negocio en Corea. La competencia de varios grupos por un mismo objetivo, la droga. La empresa allí se había apropiado de una compañía de alguna clase de droga alucinógena y la repartía entre los asesinos. Las muertes eran parte de una conspiración.
Más tarde me llevaron de regreso a China, donde conocí a MinSeok, un coreano perdido en otro país. Rápidamente nos hicimos amigos. Yo le conté sobre mi trabajo, lo sabía todo sobre mí.
Miré las carpetas con atención. Había visto que DO y SuHo estaban en ellas, y no me sorprendí al verlos en el club aquella noche.
Observé la de SeHun una vez más. Apenas estaba por terminar la escuela y ya se había convertido en uno de los mejores de la empresa. Hacía lo que sea por conseguir su objetivo. Lo que sea.
Suspiré y recordé el día en que lo descubrí.
Estaba vigilando a Tao, cuando algo me tocó en el hombro. Me giré asustado de que le hayan descubierto, pero era tan sólo SeHun. El tiempo que llevaba en esa ciudad había sido un buen amigo. Le sonreí en forma de saludo.
—Hyung... hay algo que debo confesarte —lo miré extrañado. Estaba meciéndose de un lado a otro sobre la rama—. No me gusta tu misión. Es mala —intenté que dejara de moverse, podría caer en cualquier momento si seguía así—. Mi jefe no está contento y quiere que dejen a su hijo... ¿no lo sabías? —observó mi rostro confundido y pellizco mi mejilla—. Eres tan lindo... —me sonrió.
—SeHun. ¿De qué estás hablando?
—¡Ah! Sí. Se suponía que no debía decirte. Pero no me gusta tu misión —pasé las manos por mis ojos intentando relajarme, pero cuando volví a verlo sus ojos estaban serios—. Hyung será la próxima misión si sigue entrometiendose en los planes del jefe, y yo no quiero eso. ZiTao es el hijo del jefe y te está usando para matar a su padre porque no quiere que haya más droga en Corea... o por lo menos que comience a hacer aquí lo que hace allá —dejó de hablar, parecía asustado—. No le digas a nadie. Me matarán si lo saben... —y fue entonces cuando noté sus ojos rojos y pupilas dilatadas a pesar del sol. Rayos...
Ya estaba todo hecho, no se podía arreglar. Los agentes coreanos estaban invadiendo China, y con ello traían la competencia. El padre de Tao, quien era el jefe de la empresa en Corea quería que sus agentes lucharan por conseguir la droga que se les entregaba al terminar cada misión. Más de un grupo participaba en cada una. El tío de Tao, quien era nuestro jefe quería un monopolio, donde se estuviera organizado.
Yo estaba con mi jefe. Él estaba bien, los demás estaban mal... ¿o no? Matábamos personas, pero era por algo bueno, ¿no? Y otra vez esas estúpidas preguntas en mi cabeza, ya las había sacado de mi cabeza, pero su llegada había vuelto a implantar la duda.
Mi teléfono sonó.
—¿SeHun? Hoy no puedo...
—No soy SeHun —esa voz—. Estamos en el estacionamiento del edificio de Tao. Más te vale venir o algo malo sucederá —un grito de dolor de escuchó desde el otro lado de la línea.
—¡Déjenla! —¡ella estaba con ellos! Sabía que debía irse y no me hizo caso.
—Ven a buscarla. También está tu amigo, ese que hiciste pasar por agente.
Abrí los ojos. MinSeok. Solté todo lo que tenía en las manos y salí corriendo del departamento.
Cuando llegué ella estaba tirada en el suelo, tenía muchos golpes por todos lados y sangraba de la cabeza, MinSeok también estaba allí. Corrí hacia él, quien me negaba con la cabeza. Entonces lo entendí.
Cerré mis ojos y un disparo se escuchó.

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