Me encontraba en el aeropuerto de mi país, para dirigirme a China. Intentaba memorizar mi nueva vida, desde el nombre, hasta el porqué me había mudado. Inventé una familia, y una carrera.
El avión en el que viajé era muy cómodo, además de que las azafatas me trataron de maravilla. Ya estaba acostumbrada a aquellos tratos, pero seguía siendo incómodo.
Al llegar al aeropuerto busqué el cartel con mi nuevo nombre. No pude evitar el sonreír al encontrar a uno de mis compañeros de entrenamiento, hacia años que no lo veía, desde la graduación. Él había sido asignado a su país de origen, al igual que yo al mío.
- Agente Z - saludó formal, antes de lanzarse y abrazarme con cariño. Le correspondí.
- Agente L - dije sonriendo.
Me dirigió hacia un hermoso auto negro, del cual me abrió la puerta trasera. Agradecí y me metí, seguida de él.
- Estos son los detalles de tu misión - me entregó un sobre -. Recuerda qué hacer luego - asentí -. El chico es un malcriado - comenzó a describir a mi objetivo, no pude hacer más que soltar una carcajada -, no tiene la más mínima idea de lo que su padre hace en la empresa, para él no es más que una fuente de ingreso para comprar ropa y accesorios. Se llama Huang ZiTao, le llaman Tao. Maestro en artes marciales, estudia administración de empresas por su familia, tiene una hermana menor que aún asiste al secundario, como se llama en tu país... no se qué más.
- ¿Novias? - pregunté, leyendo lo que me acababa de comentar.
- Cierto que es lo que tienes que hacer... sólo se lo ve con modelos, pero nunca nada oficial - asentí, después de todo tan difícil no sería, si sólo se concentraba en el exterior -. Por cierto - le miré -, me alegro que estés bien - sonreí.
- Igual yo.
El resto del camino hablamos sobre cosas triviales, que no interesan.
Cuando frenamos pude ver a través de la ventanilla del auto, un edificio enorme. Saludé a mi compañero y bajé, llevando conmigo una enorme maleta, repleta de cosas innecesarias.
El otro agente me miró algo preocupado, antes de que el auto comenzara a avanzar. Esperé un par de minutos, antes de entrar en el edificio, subí los escalones con dificultad, gracias a la maleta, y me presente ante la señora de recepción.
La mujer parecía amargada, ni siquiera con una sonrisa y palabras amables de mi parte pareció avanzar demasiado nuestra relación. Me entregó un par de tarjetas y un código, además de indicaciones de cómo cambiarlo. Le di las gracias y me dirigí hacia el ascensor con dificultad, antes de sentir como alguien me empujaba, haciéndome perder el equilibrio y terminar en el suelo.
Resulto ser que quien me había empujado no era nada menos que ZiTao, sinceramente me quedé sorprendida, mientras me tendía el brazo para ayudarme. Agradecí, presentándome en chino, pero él sólo me miro con curiosidad y se metió en el ascensor. A gritos, le pedí que me esperara, tomé la valija rápido, corrí hacia él. Simplemente me observó con una sonrisa y presionó un botón, haciendo que las puertas se cerraran justo en mis narices. Maldecí por lo bajo antes de esperar al otro ascensor.
Para mi suerte no pasé demasiado esperándolo, de hecho, llegué al piso justo en el instante en que el chico ingresaba a su departamento. Le saludé de nuevo, pero tan sólo me ignoró.
El resto del día me la pasé ordenando mi nuevo hogar. Me gustaba, era amplio y bien iluminado, los grandes ventanales daban directamente al centro de la ciudad, sin duda las noches no serían del todo tranquilas.

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