MinSeok
dormía. Soñaba con un abrasador sol que le daba en lleno en el
rostro y lo hacía sentir pleno. Soñaba con la virgen arena
haciéndole cosquillas entre los dedos del pie. A su alrededor no se
encontraba nadie que le estropease la calma, y ningún sonido molesto
se infiltraba por sus oídos, salvo el susurro de las olas que era
como música. El viento le acariciaba la nariz, pícaro y burlón,
como si supiese algo que él no, y cuando puso verdadera atención,
en el aire se sintió el olor a café. No se preguntó por qué, ya
que probablemente en eso consistía el paraíso.
De
pronto una... ¿Lamida? Resbaló sobre su mejilla, haciéndole
fruncir el entrecejo. Entonces, una voz familiar se hizo oír a
primera hora de la mañana.
—Hyung,
despierta. Tengo hambre. —MinSeok intentó hacerse el dormido,
quizá así lo dejaría en paz—. ¡MinSeok! ¡Destrozaré la
cocina! —Sabiendo que esa amenaza podría cumplirse tranquilamente,
el mayor se sentó a una velocidad inhumana sobre su lugar, mientras
echaba humo por las orejas.
—Es
domingo —discutió—. ¿Por qué justamente hoy, JongIn?
—Que
sea domingo no significa que no tenga hambre —le respondió,
levantando las cejas. Sus orejas, negras y suaves, coquetearon a la
par que movía los labios.
Suspirando,
MinSeok decidió que no quedaba otra opción más que resignarse. Se
colocó las pantuflas y a paso lento y perezoso y se dirigió al
baño, mientras oía a JongIn parloteando sobre lo que deseaba comer,
y que si podían ir a la casa de noona por la tarde.
—Sí,
sí —respondía vagamente el mayor, mientras se lavaba la cara—.
Lo que tú digas.
Palpando
ciegamente a su alrededor para encontrar la toalla, oyó una risita
que le hizo entreabrir los párpados. JongIn le miraba, con su cola
moviéndose alegremente y la toalla escondida detrás de la espalda.
—Dame
la... —Pero antes de que pudiese agregar algo más, el otro se
inclinó para darle un veloz e imperceptible beso de buenos días,
logrando que MinSeok se sonrojase violentamente.
Bueno,
dijo para sus adentros, mientras oía su cantarina risa
escabulléndose hacia la cocina, no es mala idea empezar el día
así.
MinSeok sabe
perfectamente cómo fue que conoció a JongIn. Lo recuerda
detalladamente porque era su primera vez sintiendo tan extrañas
emociones. Sin contacto ni palabras, MinSeok había caído lento y
profundo.
Es JongIn bailando.
Es su cuerpo realizando un echappé, orgulloso
como un cisne, y es un tous en l'air,
lo que hace que todo se detenga por un rato, incluyendo su propia
respiración. No sabe si fue pura casualidad, o si la traviesa
sonrisa de JongIn lo planeaba todo, pero un rayo de luz entra por la
ventana del salón espaciado, atraviesa el jeté del
menor, atraviesa su expresión llena de gracia y atraviesa el débil
corazón de MinSeok.
El
más bajo nunca se hubiese considerado impulsivo, pero sabe que es
ahora o nunca cuando, tímidamente, le invita a salir. Hay algo en
las muecas que suele hacer el menor, sin pensar, que le hace sentir
que es el indicado. O quizá está en su pestañeo, porque lo hace
con pesadez, sin prisas, como si estuviese en contra de la siempre
apurada ciudad. Puede que esté en las dos lunas que forman sus ojos
cuando sonríe. Sea lo que sea, es exactamente lo que MinSeok
necesita.
Naturalmente,
conocer
el hecho de que JongIn
es un híbrido no le sedució en un principio, y no está muy alejado
de la verdad decir que casi se desmaya la
primera vez que vio la cola
negra del muchacho meneándose con gracia. Pero no es nada con
lo que no pueda lidiar.
Cuando
ambos hubiesen terminado de desayunar (y MinSeok de limpiar cada
plato y taza, cerciorándose de que cada cosa estuviese en su lugar),
JongIn decidió que era una buena idea ver Pororo, sobre todo porque
los domingos transmitían un nuevo episodio, y al chico comenzaban a
cansarle las repeticiones.
De
modo que, mientras se sentaba en el cómodo sofá que un tiempo atrás
MinSeok había comprado, habló en voz alta. —¿Podemos comer pollo
frito, hyung?
MinSeok
rodó los ojos. —Acabas de comer, ¿ya piensas en el almuerzo?
A
único modo de respuesta, JongIn se encogió de hombros, sus orejas
se movieron por un instante.
Sentado
junto a él, al poco rato MinSeok no pudo evitar prestar más
atención en su rostro que en la pantalla, porque Pororo es
aburrido, es la excusa con la que trata de convencerse.
Viendo
su concentración, sus largas pestañas caídas y sus abultados
labios, algo en su interior se movió, como era usual. Esto era algo
que constantemente asustaba a MinSeok, que como adulto intentaba no
dejarse dominar por esta clase de sentimientos, y sin embargo era
demasiado difícil, sobre todo si JongIn sonreía sin darse cuenta de
los efectos, como en ese momento.
Frunciendo
el ceño (y como modo de autodefensa), MinSeok profirió un: —¡Eres
un inmaduro!
Repentinamente
sorprendido, y quitando la mirada de enfrente, JongIn le enfrentó
boquiabierto. —¿Qué...?
—Ya
eres bastante grande para ver ese tipo de cosas, ¿no te parece?
—argumentó, aún más contrariado. Diablos, todo lo que necesitaba
era que dejase de actuar tan... adorable.
El
chico lo miró en silencio, con los ojos ciñéndose de preocupación.
Parecía a punto de decir algo, pero en su lugar se levantó de allí,
con sus orejas y cola caídas. Sintió toda la culpa acumulándose,
pero el orgullo de MinSeok no le permitió movilizarse. Sabía que,
de todas formas, JongIn no aguantaría mucho tiempo sin hablarle.
MinSeok imaginaba
muchos escenarios. Variados. Algunos como un JongIn lloroso,
acurrucándose junto a él y pidiéndole disculpas. Incluso un JongIn
alegre actuando como si nada hubiese sucedido. O intentando hablar lo
ocurrido, con buenas intenciones y mirada seria. Pero no fue así,
porque un par de horas después, el más joven seguía sin salir de
la habitación compartida, la cual permanecía cerrada.
Lo cual era
preocupante, porque si bien pasaban períodos sin verse por el
trabajo del mayor y las clases de baile en la academia que cursaba el
menor, las veces que ambos estaban en casa permanecían pegados como
uña y dedo.
Tragando saliva,
MinSeok acercó su mano inquietamente al pomo de la puerta.
Abriéndola con absoluto silencio, asomó la cabeza dentro de la
habitación.
—¿JongIn?
—susurró en la oscuridad. El chico había cerrado las cortinas.
—¿Podemos hablar?
Aguardó unos
instantes, pero al ver que no contestaba volvió a intentar llamando
su nombre.
—No —contestó
enfadado—, después de todo no creo que quieras hablar con un
inmaduro como yo. —E hizo hincapié en la palabra
“inmaduro”.
Mordiéndose el
labio y titubeando, se acercó hacia el bulto oculto entre sábanas,
las cuales apartó para poder ver su rostro. Al principio se
resistió, pero JongIn terminó cediendo y mirándole con ojos
hinchados.
Oh, Dios...
La lamentable imagen
rompió un poco más su corazón. Tirando de su brazo, MinSeok se las
ingenió para que el chico quedase sentado sobre su regazo, mientras
le acariciaba el rostro con ternura. JongIn buscó refugio entre el
espacio de su hombro y su cuello, avergonzado de verse así.
—Lo siento
mucho... —le dijo el mayor, intentando transmitirle su sinceridad
con esas palabras. El otro buscó sus ojos.
—En realidad lo
siento yo. No sabía que te molestara que actuase así —explicó,
pestañeando repetidamente—. Intentaré cambiarlo, lo juro.
—No, no —se
apresuró a contestar—. No quiero que cambies. Es más, quiero que
sigas tal como eres. Lo que pasa es que... Verás —JongIn lo
observó curioso—, ahí vas tú siendo demasiado precioso y
dejándome en un mal estado.
Esta
vez era el turno de JongIn para sonrojarse. Con las mejillas pitando
en un rojo fuego, soltó un ahogado: —¿Yo?
—Sí,
tú —respondió con un deje de coquetería que le solía
caracterizar, como para asegurarle que todo estaba bien. —Siento
mucho reaccionar así, y te prometo que no volverá a suceder.
El
menor lucía absolutamente conmocionado, y no puso
impedimento alguno
cuando se dejó besar.
Cabe
destacar que, JongIn, como hermano menor (mimado), en muchas
ocasiones necesitaba lidiar con hermanas celosas y posesivas. Bueno,
él no lo lidiaba, sino MinSeok, quien solía ver a aquellas chicas
como a sus peores pesadillas.
No
podía hacer nada más además de enfrentarlas y fingir que todo
estaba bien, sin embargo. Dado a que en la mañana JongIn había
insistido con que quería visitar a BoA noona, el mayor no supo
decirle que no. Raramente podía decirle que no.
En consecuencia, por
la tarde ambos marcharon hacia el hogar de la muchacha, donde fueron
recibidos por calurosos abrazos (en especial el de MinSeok fue
amenazantemente apretado).
—¿Dónde está
SeHun? —Fue lo primero que dijo JongIn al entrar. SeHun y BoA
habían sido pareja por unos largos siete años, y MinSeok respetaba
profundamente que el chico pudiese complementarse tan bien con la
mandona mujer. Ciertamente, eran el uno para el otro.
—Fue a comprar
unos aperitivos, vendrá más tarde —le explicó, con su
encantadora sonrisa. Aunque a cierto hombre de ojos felinos le
asustaba su expresión excesivamente bondadosa de ese día.
La mujer los hizo
sentarse en el living del hogar, mientras escupía preguntas tras
preguntas sobre sus vidas, a las que MinSeok se esforzó por
responder con especial cuidado. En varias ocasiones BoA se concentró
en su hermano, hablándole con voz más agradable, la cual sufría un
drástico cambio cuando se dirigía a MinSeok.
En un determinado
momento, el inocente tono de voz de JongIn habló. —Tengo que ir al
baño. —Dejando a los mayores en un tenso y absoluto silencio.
MinSeok tragó duro,
intentando aparentar que estaba a sus anchas, pero la penetrante
mirada de BoA se lo dificultaba.
—No me
malinterpretes, Kim —habló de pronto, sobresaltándolo—, no es
que me caigas mal. —Suavizó su expresión—. Es sólo que todavía
me cuesta creer que mi pequeño hermano ha crecido y que es lo
suficientemente maduro para afrontar una relación seria. —Sus
orejas, idénticas a las de JongIn, aletearon.
—Sin embargo
—continuó—, sé que está en buenas manos, y supe desde un
principio que lo quieres. Él también te adora —añadió,
levantando las cejas—. Así que... Tienes que cuidarlo muy bien.
—Finalizó, dándole la sonrisa más sincera que MinSeok había
recibido de su parte hasta ahora.
Oyó la voz de
JongIn haciéndose cada vez más y más elevada a medida que se
acercaba. Al parecer, quería saber si había pollo.
—Lo protegeré con
mi vida —aseguró, sonriéndole de igual forma.
Un tiempo después
de convivir juntos, MinSeok tenía anotadas un par de cosas
mentalmente, las cuales sabía sin que JongIn se las hubiese
confiado. Por ejemplo, una de ellas era que al chico le gustaba
dormir entrada la noche, aunque también le gustaba despertarse
temprano. Difícilmente podía representar un equilibrio entre dos
puntos, y graciosamente (sólo para su mal amigo, JongDae) era
MinSeok quien, al final del día, se adaptaba al menor, y no al
revés.
Gracias a él,
MinSeok había abandonado su hábito de dormir temprano y despertar
temprano. Incluso de pasar la noche en velada, leyendo algún libro
que del que tenía buenas referencias, con la paz que solía liderar
diariamente.
En lugar de eso, el
hombre había adquirido, involuntariamente, hábitos como tararearle
nanas. Era preocupante dormir sin haber escuchado un ronco susurro
“MinSeok hyung, cántame algo” o “léeme una historia”. E
incluso curiosos “¿tenías mascotas cuando eras chico?” “¿cuál
es tu comida favorita?”.
Las tardes o
momentos de comidas parecían un momento agradable para conversar
así, sin embargo JongIn seleccionaba la hora de dormir para hacer
ese tipo de preguntas, volviéndose más conversador que nunca, y
MinSeok se quejaba de esto, pero su boca sonriente desmentía las
palabras.
Era cierto, no
obstante, que cuando escuchaba la acompasada respiración de JongIn,
su pecho subiendo y bajando al ritmo de su propia canción, sabía
que por fin podía dormir. En el buen sentido, porque había pasado
muchas noches sin pegar un ojo a sabiendas de que su chico estaba
enfermo, algo en su pecho le molestaba y no le dejaba conciliar sueño
hasta que no supiese que JongIn se encontraba bien. Era una extraña
conexión.
Entonces se
arrimaba, suspirando sobre su rostro, cerrando los ojos y besándole
la frente y a continuación los párpados. Luego le miraba con
adoración, y murmuraba:
—Que descanses,
JongIn.
Y es así su manera
de terminar el día junto al muchacho.

WAAAAAAAAAaaaaaaaa! Tan cuquis ;^; ♡♡♡ ksodjabskdkdb
ResponderEliminarLa ternura, no puedo, demasiado lindo. ♡ wa TuT te adoro y adoro el xiukai y adoro todo, ihh. -a
OMG *la abraza* Hola anónimo, espero que estés bien ♡♡
EliminarMe alegra mucho que te haya gustado, y que ames el xiukai of couse :'D Awwwww yo también te adoro, abrazo abrazo, gracias por dar amor <33
Pd: si quieres fangirlear sobre xiukai/whatever no dudes de hablarme por Twitter!!