domingo, 23 de noviembre de 2014

Cuddling with you

MinSeok dormía. Soñaba con un abrasador sol que le daba en lleno en el rostro y lo hacía sentir pleno. Soñaba con la virgen arena haciéndole cosquillas entre los dedos del pie. A su alrededor no se encontraba nadie que le estropease la calma, y ningún sonido molesto se infiltraba por sus oídos, salvo el susurro de las olas que era como música. El viento le acariciaba la nariz, pícaro y burlón, como si supiese algo que él no, y cuando puso verdadera atención, en el aire se sintió el olor a café. No se preguntó por qué, ya que probablemente en eso consistía el paraíso.

De pronto una... ¿Lamida? Resbaló sobre su mejilla, haciéndole fruncir el entrecejo. Entonces, una voz familiar se hizo oír a primera hora de la mañana.

Hyung, despierta. Tengo hambre. —MinSeok intentó hacerse el dormido, quizá así lo dejaría en paz—. ¡MinSeok! ¡Destrozaré la cocina! —Sabiendo que esa amenaza podría cumplirse tranquilamente, el mayor se sentó a una velocidad inhumana sobre su lugar, mientras echaba humo por las orejas.

Es domingo —discutió—. ¿Por qué justamente hoy, JongIn?

Que sea domingo no significa que no tenga hambre —le respondió, levantando las cejas. Sus orejas, negras y suaves, coquetearon a la par que movía los labios.

Suspirando, MinSeok decidió que no quedaba otra opción más que resignarse. Se colocó las pantuflas y a paso lento y perezoso y se dirigió al baño, mientras oía a JongIn parloteando sobre lo que deseaba comer, y que si podían ir a la casa de noona por la tarde.

Sí, sí —respondía vagamente el mayor, mientras se lavaba la cara—. Lo que tú digas.

Palpando ciegamente a su alrededor para encontrar la toalla, oyó una risita que le hizo entreabrir los párpados. JongIn le miraba, con su cola moviéndose alegremente y la toalla escondida detrás de la espalda.

Dame la... —Pero antes de que pudiese agregar algo más, el otro se inclinó para darle un veloz e imperceptible beso de buenos días, logrando que MinSeok se sonrojase violentamente.

Bueno, dijo para sus adentros, mientras oía su cantarina risa escabulléndose hacia la cocina, no es mala idea empezar el día así.





MinSeok sabe perfectamente cómo fue que conoció a JongIn. Lo recuerda detalladamente porque era su primera vez sintiendo tan extrañas emociones. Sin contacto ni palabras, MinSeok había caído lento y profundo.

Es JongIn bailando. Es su cuerpo realizando un echappé, orgulloso como un cisne, y es un tous en l'air, lo que hace que todo se detenga por un rato, incluyendo su propia respiración. No sabe si fue pura casualidad, o si la traviesa sonrisa de JongIn lo planeaba todo, pero un rayo de luz entra por la ventana del salón espaciado, atraviesa el jeté del menor, atraviesa su expresión llena de gracia y atraviesa el débil corazón de MinSeok.

El más bajo nunca se hubiese considerado impulsivo, pero sabe que es ahora o nunca cuando, tímidamente, le invita a salir. Hay algo en las muecas que suele hacer el menor, sin pensar, que le hace sentir que es el indicado. O quizá está en su pestañeo, porque lo hace con pesadez, sin prisas, como si estuviese en contra de la siempre apurada ciudad. Puede que esté en las dos lunas que forman sus ojos cuando sonríe. Sea lo que sea, es exactamente lo que MinSeok necesita.

Naturalmente, conocer el hecho de que JongIn es un híbrido no le sedució en un principio, y no está muy alejado de la verdad decir que casi se desmaya la primera vez que vio la cola negra del muchacho meneándose con gracia. Pero no es nada con lo que no pueda lidiar.





Cuando ambos hubiesen terminado de desayunar (y MinSeok de limpiar cada plato y taza, cerciorándose de que cada cosa estuviese en su lugar), JongIn decidió que era una buena idea ver Pororo, sobre todo porque los domingos transmitían un nuevo episodio, y al chico comenzaban a cansarle las repeticiones.

De modo que, mientras se sentaba en el cómodo sofá que un tiempo atrás MinSeok había comprado, habló en voz alta. —¿Podemos comer pollo frito, hyung?

MinSeok rodó los ojos. —Acabas de comer, ¿ya piensas en el almuerzo?

A único modo de respuesta, JongIn se encogió de hombros, sus orejas se movieron por un instante.

Sentado junto a él, al poco rato MinSeok no pudo evitar prestar más atención en su rostro que en la pantalla, porque Pororo es aburrido, es la excusa con la que trata de convencerse.

Viendo su concentración, sus largas pestañas caídas y sus abultados labios, algo en su interior se movió, como era usual. Esto era algo que constantemente asustaba a MinSeok, que como adulto intentaba no dejarse dominar por esta clase de sentimientos, y sin embargo era demasiado difícil, sobre todo si JongIn sonreía sin darse cuenta de los efectos, como en ese momento.

Frunciendo el ceño (y como modo de autodefensa), MinSeok profirió un: —¡Eres un inmaduro!

Repentinamente sorprendido, y quitando la mirada de enfrente, JongIn le enfrentó boquiabierto. —¿Qué...?

Ya eres bastante grande para ver ese tipo de cosas, ¿no te parece? —argumentó, aún más contrariado. Diablos, todo lo que necesitaba era que dejase de actuar tan... adorable.

El chico lo miró en silencio, con los ojos ciñéndose de preocupación. Parecía a punto de decir algo, pero en su lugar se levantó de allí, con sus orejas y cola caídas. Sintió toda la culpa acumulándose, pero el orgullo de MinSeok no le permitió movilizarse. Sabía que, de todas formas, JongIn no aguantaría mucho tiempo sin hablarle.


MinSeok imaginaba muchos escenarios. Variados. Algunos como un JongIn lloroso, acurrucándose junto a él y pidiéndole disculpas. Incluso un JongIn alegre actuando como si nada hubiese sucedido. O intentando hablar lo ocurrido, con buenas intenciones y mirada seria. Pero no fue así, porque un par de horas después, el más joven seguía sin salir de la habitación compartida, la cual permanecía cerrada.

Lo cual era preocupante, porque si bien pasaban períodos sin verse por el trabajo del mayor y las clases de baile en la academia que cursaba el menor, las veces que ambos estaban en casa permanecían pegados como uña y dedo.

Tragando saliva, MinSeok acercó su mano inquietamente al pomo de la puerta. Abriéndola con absoluto silencio, asomó la cabeza dentro de la habitación.

—¿JongIn? —susurró en la oscuridad. El chico había cerrado las cortinas. —¿Podemos hablar?

Aguardó unos instantes, pero al ver que no contestaba volvió a intentar llamando su nombre.

—No —contestó enfadado—, después de todo no creo que quieras hablar con un inmaduro como yo. —E hizo hincapié en la palabra “inmaduro”.

Mordiéndose el labio y titubeando, se acercó hacia el bulto oculto entre sábanas, las cuales apartó para poder ver su rostro. Al principio se resistió, pero JongIn terminó cediendo y mirándole con ojos hinchados.

Oh, Dios...

La lamentable imagen rompió un poco más su corazón. Tirando de su brazo, MinSeok se las ingenió para que el chico quedase sentado sobre su regazo, mientras le acariciaba el rostro con ternura. JongIn buscó refugio entre el espacio de su hombro y su cuello, avergonzado de verse así.

—Lo siento mucho... —le dijo el mayor, intentando transmitirle su sinceridad con esas palabras. El otro buscó sus ojos.

—En realidad lo siento yo. No sabía que te molestara que actuase así —explicó, pestañeando repetidamente—. Intentaré cambiarlo, lo juro.

—No, no —se apresuró a contestar—. No quiero que cambies. Es más, quiero que sigas tal como eres. Lo que pasa es que... Verás —JongIn lo observó curioso—, ahí vas tú siendo demasiado precioso y dejándome en un mal estado.

Esta vez era el turno de JongIn para sonrojarse. Con las mejillas pitando en un rojo fuego, soltó un ahogado: —¿Yo?

—Sí, tú —respondió con un deje de coquetería que le solía caracterizar, como para asegurarle que todo estaba bien. —Siento mucho reaccionar así, y te prometo que no volverá a suceder.

El menor lucía absolutamente conmocionado, y no puso impedimento alguno cuando se dejó besar.



Cabe destacar que, JongIn, como hermano menor (mimado), en muchas ocasiones necesitaba lidiar con hermanas celosas y posesivas. Bueno, él no lo lidiaba, sino MinSeok, quien solía ver a aquellas chicas como a sus peores pesadillas.

No podía hacer nada más además de enfrentarlas y fingir que todo estaba bien, sin embargo. Dado a que en la mañana JongIn había insistido con que quería visitar a BoA noona, el mayor no supo decirle que no. Raramente podía decirle que no.

En consecuencia, por la tarde ambos marcharon hacia el hogar de la muchacha, donde fueron recibidos por calurosos abrazos (en especial el de MinSeok fue amenazantemente apretado).

—¿Dónde está SeHun? —Fue lo primero que dijo JongIn al entrar. SeHun y BoA habían sido pareja por unos largos siete años, y MinSeok respetaba profundamente que el chico pudiese complementarse tan bien con la mandona mujer. Ciertamente, eran el uno para el otro.

—Fue a comprar unos aperitivos, vendrá más tarde —le explicó, con su encantadora sonrisa. Aunque a cierto hombre de ojos felinos le asustaba su expresión excesivamente bondadosa de ese día.
La mujer los hizo sentarse en el living del hogar, mientras escupía preguntas tras preguntas sobre sus vidas, a las que MinSeok se esforzó por responder con especial cuidado. En varias ocasiones BoA se concentró en su hermano, hablándole con voz más agradable, la cual sufría un drástico cambio cuando se dirigía a MinSeok.

En un determinado momento, el inocente tono de voz de JongIn habló. —Tengo que ir al baño. —Dejando a los mayores en un tenso y absoluto silencio.

MinSeok tragó duro, intentando aparentar que estaba a sus anchas, pero la penetrante mirada de BoA se lo dificultaba.

—No me malinterpretes, Kim —habló de pronto, sobresaltándolo—, no es que me caigas mal. —Suavizó su expresión—. Es sólo que todavía me cuesta creer que mi pequeño hermano ha crecido y que es lo suficientemente maduro para afrontar una relación seria. —Sus orejas, idénticas a las de JongIn, aletearon.

—Sin embargo —continuó—, sé que está en buenas manos, y supe desde un principio que lo quieres. Él también te adora —añadió, levantando las cejas—. Así que... Tienes que cuidarlo muy bien. —Finalizó, dándole la sonrisa más sincera que MinSeok había recibido de su parte hasta ahora.

Oyó la voz de JongIn haciéndose cada vez más y más elevada a medida que se acercaba. Al parecer, quería saber si había pollo.

—Lo protegeré con mi vida —aseguró, sonriéndole de igual forma.



Un tiempo después de convivir juntos, MinSeok tenía anotadas un par de cosas mentalmente, las cuales sabía sin que JongIn se las hubiese confiado. Por ejemplo, una de ellas era que al chico le gustaba dormir entrada la noche, aunque también le gustaba despertarse temprano. Difícilmente podía representar un equilibrio entre dos puntos, y graciosamente (sólo para su mal amigo, JongDae) era MinSeok quien, al final del día, se adaptaba al menor, y no al revés.

Gracias a él, MinSeok había abandonado su hábito de dormir temprano y despertar temprano. Incluso de pasar la noche en velada, leyendo algún libro que del que tenía buenas referencias, con la paz que solía liderar diariamente.

En lugar de eso, el hombre había adquirido, involuntariamente, hábitos como tararearle nanas. Era preocupante dormir sin haber escuchado un ronco susurro “MinSeok hyung, cántame algo” o “léeme una historia”. E incluso curiosos “¿tenías mascotas cuando eras chico?” “¿cuál es tu comida favorita?”.

Las tardes o momentos de comidas parecían un momento agradable para conversar así, sin embargo JongIn seleccionaba la hora de dormir para hacer ese tipo de preguntas, volviéndose más conversador que nunca, y MinSeok se quejaba de esto, pero su boca sonriente desmentía las palabras.

Era cierto, no obstante, que cuando escuchaba la acompasada respiración de JongIn, su pecho subiendo y bajando al ritmo de su propia canción, sabía que por fin podía dormir. En el buen sentido, porque había pasado muchas noches sin pegar un ojo a sabiendas de que su chico estaba enfermo, algo en su pecho le molestaba y no le dejaba conciliar sueño hasta que no supiese que JongIn se encontraba bien. Era una extraña conexión.

Entonces se arrimaba, suspirando sobre su rostro, cerrando los ojos y besándole la frente y a continuación los párpados. Luego le miraba con adoración, y murmuraba:

—Que descanses, JongIn.

Y es así su manera de terminar el día junto al muchacho.


2 comentarios:

  1. WAAAAAAAAAaaaaaaaa! Tan cuquis ;^; ♡♡♡ ksodjabskdkdb
    La ternura, no puedo, demasiado lindo. ♡ wa TuT te adoro y adoro el xiukai y adoro todo, ihh. -a

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    1. OMG *la abraza* Hola anónimo, espero que estés bien ♡♡
      Me alegra mucho que te haya gustado, y que ames el xiukai of couse :'D Awwwww yo también te adoro, abrazo abrazo, gracias por dar amor <33
      Pd: si quieres fangirlear sobre xiukai/whatever no dudes de hablarme por Twitter!!

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