martes, 28 de octubre de 2014

Dímelo una vez más - Capitulo 3



El Empleado




LuHan hablaba con la cocinera sobre cómo era la vida en la mansión de los Oh. Ya le habían dado algunas indicaciones, pero quería saber un poco más.

La mujer era muy amable. Le había explicado sobre las comidas, lo que él tenía que hacer respecto a SeHun y le advirtió que tuviese cuidado con él.

Cuando el desayuno estuvo preparado, se lo dio en una pequeña mesita y le ordenó que la llevara hasta el cuarto de SeHun, quien siempre comía allí los fines de semana, principalmente en los que sus padres no estaban. LuHan subió las escaleras con la mesita con mucho cuidado, tenía miedo que algún contenido se volcara.

Llegó al piso superior con éxito y caminó por el pasillo hasta la puerta de SeHun. Haciendo movimientos irregulares, tocó la puerta, un simple “pasa”, y abrió la puerta.

Entró con paso seguro, para colocar la pequeña mesita sobre la cama de su jefe, él no estaba allí, sino que al lado de la puerta, es por eso que cuando LuHan se giró para salir, tan silencioso como pudo, se encontró con un SeHun recién salido de bañar y una simple toalla cubriendo sus partes.

—Quédate. Tienes que alimentarme —le indicó el chico. LuHan, sin saber a qué se refería, ladeó la cabeza. SeHun se acercó a él con paso coqueto y lo sentó en la cama—. Aliméntame. —Se sentó a su lado, y señaló las tostadas. LuHan frunció el ceño.

—¿Acaso eres un niño? No necesitas que te alimente. —Intentó levantarse, pero SeHun le tomó la muñeca y lo volvió a sentar. Le hizo la mejor mirada de cachorro perdido que pudo, cosa que molestó aún más a LuHan—. Es en serio. Si no necesita nada más me iré. —Se volvió a levantar, escapando del agarre del menor, y salió del cuarto. ¿Qué le pasa a ese niño?

SeHun estaba molesto. Muy molesto.

Desayunó de mala gana, para luego cambiarse y salir de su cuarto. Pensaba caminar por fuera de la casa, quizá alrededor de la piscina, mientras ordenaban su cuarto…

¿Quién era el o la que ordenaba su cuarto? Porque si bien había mucamas por toda la casa, era solo una encargada de él.

Llamó al servicio de limpieza para que se llevaran la bandeja. Para su desinterés, el chico no fue quien la buscó. Un suspiro pesado escapó de sus labios.

LuHan había pedido a una de sus compañeras que fuera a buscar la bandeja de SeHun. Iría a arreglar el cuarto del chico apenas le informaran que este se había ido, pero no había rastros ni de la mujer ni la noticia.

—Es mejor que vayas. Todos los cuartos tienen que estar listos antes del almuerzo —le dijo el ama de llaves. LuHan asintió, luego hizo una reverencia y se dirigió al piso de arriba.

Tocó nuevamente la puerta del cuarto de SeHun, esta vez no hubo ninguna respuesta oral, fue el mismo jefe quien le abrió, dejándolo pasar, ahora estaba vestido, pero lo miraba demasiado.

—Debo hacer la limpieza —dijo.

—Tengo que hacer tarea. Tendrás que limpiar conmigo aquí. —LuHan miró alrededor. SeHun se había encargado de tirar al suelo la mayor cantidad de ropa que pudo. También había sido muy cuidadoso en desarmar la cama con incluso las sábanas. En el baño había regado todos los líquidos que había encontrado envasados, y adrede, había “olvidado” la caja de condones sobre su mesa de luz.

—Esto no estaba así cuando me fui —señaló en un murmullo para sí, pero el otro lo escuchó y sonrió cínicamente.

—No sabía que ponerme. —Se encogió de hombros y se dirigió hacia su escritorio, el cual había movido de manera que podía ver todo su cuarto, incluso la puerta del baño, desde su asiento. LuHan soltó un suspiro y comenzó a levantar la ropa.

—¿Cuánto de esto es para lavar? —preguntó casual. SeHun lo miró durante unos segundos y negó con la cabeza.

—No lo recuerdo. Fíjate.

A LuHan le salió un tic en su ojo izquierdo. Toda la ropa que levantaba, la metía en un enorme canasto. SeHun estaba enfadado, el chico era más listo de lo que parecía, así que cada vez que se agachaba lo hacía de frente.

Durante media hora se la pasó recogiendo ropa. SeHun lo miraba con descaro, casi como si lo quisiera comer con la mirada. El chico era lindo de  una forma exótica, si no fuera por su cabello corto y su cuerpo, hubiese pensado que era una niña, aun así no parecía sobrepasarlo en edad. También podía notar en él un pequeño acento extranjero, aunque aún no podía darse cuenta exactamente de donde podría provenir.

—¿Cuántos años tienes? Yo 16 —interrumpió el silencio SeHun. LuHan lo miró durante unos segundos y contestó.

—¿Por qué debería contestarle?

—Porque estaremos la mayor cantidad del tiempo juntos y me sirves solo a mí. Tenemos que conocernos para que puedas hacer mejor tu trabajo. —LuHan soltó un suspiro derrotado.

—Tengo 20 —dijo seco.

—Yo soy de Seúl. ¿De qué pueblo vienes?

—¿Por qué tendría que venir de un pueblo? Su padre me preguntó exactamente lo mismo cuando me contrató.

—¿Eres de Seúl también? ¿Por qué no entraste a alguna agencia de modelaje? —SeHun se ruborizó ante lo último que dijo. LuHan le envió una mirada hostil, se había metido donde no debía.

—Soy de China, vine a Seúl por temas privados y es lo último que te contestaré.

Siguieron en silenció hasta que LuHan terminó de ordenar y limpiar todo. Antes de que saliera, SeHun le atrajo hacia él para mirarlo a la cara.

—Esto seguirá así hasta que te portes más amable conmigo. —Señaló su cuarto—. Debes recordar que sigo siendo tu jefe. Ahora tráeme el almuerzo. Tengo hambre.

LuHan soltó su brazo, tomó el cesto con toda la ropa sucia y salió del cuarto del menor. Era demasiado tarde. El almuerzo seguramente ya estaba frío, y tendría que esperar, por lo cual SeHun debería esperar… todo estaba mal.

Dejó el cesto en la lavandería y corrió hacia la cocina.

—Dime que está el almuerzo —jadeó a la cocinera, quien le sonrió y le entregó una mesita igual a la del desayuno, pero con la comida del mediodía—. Gracias, eres la mejor. —La mujer se sonrojó al recibir un pequeño beso en la mejilla por parte del chico.

—Luego de dejarle eso, ven a comer. Voy a hacer que engordes un poquito. Pareces un espárrago. —LuHan le sonrió y se dirigió escaleras arriba, donde le esperaba otra sorpresa.



—Señor Cho, se supone que debe estar en su oficina —dijo el señor Kim al ver aparecer a KyuHyun.

—Uno de mis empleados está por ser ascendido. Quiero ver eso —explicó, tomando asiento en la punta de la mesa. SungMin comenzó a temblar. Se suponía que él no estaría, había pedido exactamente eso para la presentación.

—Como quiera. Señor Lee, puede comenzar.

Lee SungMin comenzó hablando sobre la misión de la empresa, dando como referencias las equivocaciones que estaban cometiendo en cuanto al marketing, pero por supuesto: Cho KyuHyun no iba a dejar que su empleado se vaya.

No lo quería lejos.



—Quédate —le ordenó. LuHan lo miró con el ceño levemente fruncido. SeHun se encontraba sentado en el mismo escritorio de más temprano, mientras que el otro había caminado hacia la puerta.

—No le daré de comer —dijo en el tono más suave que pudo.

—No dije que lo hagas. —LuHan arqueó las cejas—. Acércate, y siéntate ahí. —Le señaló una silla frente al escritorio. LuHan hizo lo que le ordenó y lo observó con curiosidad—. Abre la boca.

—¿Para qué? —Él no se sentía cómodo en esa situación.

—Para alimentarte. —Le sonrió. LuHan sintió un escalofríos recorrerle la espalda.

—N-no necesito que m-me alimentes —tartamudeó, cosa que le causó ternura a SeHun.

—Bien entonces. Espera a que termine.

Dicho esto. El menor comenzó a comer. LuHan comenzó a sentir el cansancio y el hambre acumulados durante la mañana. La última vez que probó bocado había sido la noche anterior durante la cena. El olor de la comida llegaba a sus fosas nasales y se le hacía agua la boca. Sin querer sus ojos se fijaron en SeHun, quien probaba cada bocado como si fuese el último de su vida, degustándolo, masticando lentamente, y tragando de una forma que a LuHan se le hacía eterno. Pero no diría nada. Necesitaba ese trabajo más de lo que valía su orgullo.

SeHun se deleitaba con la mirada deseosa de LuHan. No sabía exactamente la historia de ese chico, pero debía haber una razón para que su padre lo hubiese contratado, en lugar de alguien más experimentado. Por lo general terminaba de comer en cinco o diez minutos, pero le gustaba demasiado su vista como para acelerar el tiempo.

Después de aproximadamente una hora, SeHun terminó de almorzar y le dio permiso a LuHan para que se llevara las cosas, no sin antes rozar “accidentalmente” la piel de sus manos. Se sorprendió de lo ásperas que se sentían. Seguro por la limpieza, pensó.

LuHan bajó las escaleras lo más rápido que pudo y se metió en la cocina, donde le esperaba un plato de comida. Comenzó a tragar, a pesar de que estuviera fría. Hacía demasiado que podía comer tanto.



Lee SungMin salió de la sala de conferencias corriendo, aún con las lágrimas saliendo de sus ojos.

No podía creer que esa persona hubiese arruinado su vida tantas veces. Tantas veces y aun así insistir en que lo quiera.

Se metió en el baño, y comenzó a enjuagar su rostro con agua fría. Las lágrimas no dejaban de caer. Sollozó con frustración e impotencia. Debía salir de ese lugar. No podría avanzar si se estancaba donde Cho KyuHyun lo quería.

Cerró los ojos, apoyando sus manos en la mesada. Se quedó de esa forma hasta que sintió unos brazos alrededor de su cintura.

—Te dije que no te dejaría ir… —Recibió un beso en el cuello, y reprimió un sollozo que sonó como un hipido en su pecho.










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