El Jefe
Oh SeHun despertó de su profundo sueño. Se sentó en la cama, dando un largo bostezo.
Un grito fuera de su
habitación le hizo sonreír. Su hermano jamás cambiaría.
Se levantó,
dirigiéndose hacia su baño. Se duchó y vistió para ir al colegio. Sonrió para
sí, viéndose en el espejo. Sin dudas perfecto. Se acomodó un poco el cabello
para bajar a desayunar.
En el comedor se
encontraban su madre, su padre y su hermano mayor, ya comiendo. Se sentó en el
lugar vacío, esperando que alguien llevara su desayuno a la mesa. Un chico de
aproximadamente su edad coloca su café y algunas tostadas sobre la mesa. Lo
mira durante unos segundos, para luego dirigirse a su padre.
—¿No aceptaban solo a
mayores de edad para el trabajo?
Notó como el chico
fruncía el ceño, pero no dijo nada. Su padre lo miró fijamente y luego al nuevo
criado.
—No tenemos ningún
trabajador menor de edad aquí. No lo aceptaría —contestó.
SeHun solo asintió y
siguió comiendo.
Al terminar, saludó a
su familia y se dirigió al coche.
—¡Señor Oh! ¡Señor Oh!
—Escuchó que lo llamaban. Giró su rostro para encontrarse con el nuevo empleado.
Frunció el ceño con enojo, pero dejó de caminar, para esperar a que el muchacho
se acercara—. Disculpe —dijo jadeando—, olvidaba su mochila. —Le entregó el
bolso a SeHun, este escaneó el delicado rostro de su criado.
—¿En verdad eres mayor
de edad? —El otro lo miró sorprendido, pero asintió con un gesto elegante. SeHun
solo volvió su cuerpo hacia el auto y se metió, esperando a que el conductor lo
llevara hacia el colegio.
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Cho KyuHyun llegó a su
trabajo puntual, como siempre. La compañía Oh sin duda tenía suerte en tenerlo
como gerente. Hombre súper dotado intelectualmente, con un liderazgo nato, sin
dudas la mejor combinación, o quizás no fuera así.
Lograba que todos se
rindieran ante él, de alguna u otra forma. Uno tras otro, los empleados iban
pasando por su cama, hasta que se aburría y simplemente los botaba, sin
importarle lo más mínimo los sentimientos de los demás.
Caminaba con sus
lustrosos zapatos y su traje de Armani como si flotara, literalmente hacía que
todos los empleados aparecieran solo para observarlo.
Llegó hasta su oficina
e ingresó con galantería. Su secretaria había dejado algunas carpetas para
revisar sobre su escritorio.
Apoyó su portafolio
sobre su mesa, abriéndolo y sacando algunas cosas que necesitaba, luego lo
guardó dentro de un mueble para que no le molestara. Quitó su saco, colgándolo
en un perchero a su lado y luego se sentó frente a su escritorio, encendiendo
la computadora.
Mientras esperaba que
la maquina se prendiera completamente, se puso a hojear las carpetas que había
a un lado.
Informes, presupuestos,
nuevas propuestas y… oh, eso era una carta de renuncia. Soltó un suspiro de
frustración, el tercer empleado en renunciar del mes. Necesitaba encontrar
reemplazo para esos tres puestos.
Dejó las carpetas sobre
la mesa y llamó a su secretaria. La mujer llegó en pocos segundos, con una
libreta en la mano, lista para recibir indicaciones.
—Necesito una lista de
los currículos que se te hayan entregado en el último año. Lo antes que puedas,
pídeles que vengan a una entrevista programada durante la mañana del lunes. Yo
mismo las haré.
—Disculpe, pero el
lunes tiene reunión con el CEO. —KyuHyun frunció el ceño, pensativo.
—Cierto. Dígale al CEO
que lo veré durante la tarde, que necesito arreglar temas relacionados con la empresa
y luego las consultaré también con él. —La mujer asintió, anotando todo en la
libreta—. Y SeoHyun, esta tarde espero que estés libre. —Guiñó su ojo y la
mujer se sonrojó.
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—SeHun, ¿en verdad
tienes que ir? —dijo el chico sentado a su lado. El más alto asintió—. Bien,
pero tráeme algún recuerdo.
—Sí, Kai. Te traeré un
poco de tierra.
—¡YA! —exclamó el
moreno enfadado, produciendo una risa en el otro—. Yo siempre te regalo cosas
lindas cuando me voy de viaje.
—Pero ya te dije que no
soy yo el que viaja. Mis padres se van una semana a Europa y me dejan en la
casa. Si quieres te traigo un poco de tierra de mi patio. —JongIn miró a su
amigo y soltó una carcajada, haciendo molestar a SeHun.
—¿Qué hiciste esta vez?
—preguntó cuándo al fin pudo calmarse un poco. SeHun dejó todo lo que estaba
haciendo para mirar a JongIn con una sonrisa de lado—. ¿Otra vez? —El más alto
levantó los hombros como si no importara realmente.
—Ahora trajeron un
muchacho. —Sonrió con picardía.
—Por favor, ¿¡harás lo
mismo!?
—No hay ninguna ley que
lo prohíba, además no está nada mal. —JongIn miró a su amigo con preocupación.
El chico se acostaba con todas las mucamas que se dedicaban a él en la casa, y
a todas aquellas mayores las obligaba a irse por las malas.
—Sigue siendo mala
idea, ¿cuántas van ya? Lo extraño es que ninguna se haya embarazado y te haya
hecho algún juicio. —SeHun sacudió su mano con indiferencia.
—No soy idiota. Siempre
me cuidé en ese aspecto. —Kai hizo sonar la lengua con disgusto—. Mis padres se
irán hoy a la noche, así que comenzaré
mi plan mañana.
—SeHun, lo digo en
serio. Para con esto—pidió JongIn.
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Ese sábado, Cho KyuHyun
se presentó tan puntual como siempre. Al llegar uno de sus empleados lo abordó
con cientos de preguntas sobre el proyecto al cual se estaba dedicando. El
gerente giró para verlo con el ceño fruncido, el trabajador calló y tragó
saliva.
—Lee SungMin, —subió la
voz, para que todos lo oyeran—, las preguntas se hacen por escrito y en el
momento en que yo pueda las leo para responderlas. No puedes acercarte y
simplemente molestarme de esta forma. —Sonrió sádicamente.
—L-lo s-sien-to,
s-señor —dijo con dificultad—. E-estoy nervioso p-por la presentación de hoy.
—¿Presentación de hoy? —preguntó
KyuHyun confundido, luego se dirigió a su secretaria—. SeoHyun, ¿por qué yo no
sabía nada sobre una presentación? —La mujer se apuró para llegar junto al
jefe.
—Señor, no tiene
ninguna presentación programada para hoy —dijo, revisando su agenda. Luego
dirigió una mirada amenazante a SungMin, quien ahora se encontraba mirando el
suelo y arrugaba las solapas de los bolsillos de su traje.
—Explícate —exigió
KyuHyun.
—Hoy se decidirá si me
dan la gerencia de marketing —justificó Lee SungMin, levantando su mirada—.
Usted mismo me recomendó hace un mes para el puesto.
—Pero no habíamos
tenido tantas bajas, necesito por lo menos cinco empleados más, no puedo dejar
que te va… —Cerró su boca y observó alrededor. Miró a su secretaria, haciéndole
un gesto—. Es mejor hablar de esto en mi oficina. —Tanto SungMin como SeoHyun
lo siguieron. —¡Tú no! —exclamó antes de cerrarle la puerta a la mujer en la
cara.
Cho KyuHyun hizo sus
rituales matutinos, sacando las cosas necesarias de su portafolios, colgando su
saco y encendiendo su computadora.
—Kyu… yo… —Cerró su
boca al notar la mirada de su jefe.
—Primero, aquí debes
llamarme señor Cho, en todo caso KyuHyun shi —indicó. Le hizo un gesto para que
se sentara—. ¿Por qué te irás?
—Quiero progresar.
KyuHyun shi, ya habíamos hablado de este tema —intentó excusarse, pero la mirada
del otro no aflojaba.
—No quiero que te
vayas. Haré que te paguen más. —KyuHyun se levantó de su asiento y se acercó al
de SungMin, tomándole la mandíbula—. Hyung, quédate a mi lado.
—Ya hablamos de esto.
Solo fue un juego para ti, yo no quise… —Un suave beso en sus labios acallaron
sus palabras—. KyuHyun, es en serio. No quiero saber nada de ti, ni tampoco
seguir trabajando en este lugar.
—No quise hacer lo que
hice.
—Kyu, fue más que solo
lastimarme. Me humillaste de la peor manera frente a mis propios compañeros de
trabajo. No puedo evitar recordar esas imágenes cada vez que te veo.
KyuHyun soltó la
mandíbula de SungMin y se colocó detrás del escritorio, dándole la espalda.
—Si te vas, no lograras
encontrar lugar en ningún otro lugar en esta empresa.
—Entonces tendré que
empezar de nuevo en otro lugar. —Se miraron con decisión.
—Vete.
Y SungMin salió.
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