lunes, 16 de diciembre de 2013

ROL - XiuHan - 19

Tao (Littleevilmaknae)

Lu Han estaba siendo demasiado injusto con SeHun. Durante todo el día, lo único que pude escuchar fueron sus protestas hacia él. La situación se tornaba cada vez más tensa y peligrosa, en especial porque SeHun no hacía gesto alguno para defenderse. En más de una ocasión estuve a punto de golpear a Lu Han, ¿cómo se atrevía a tratarlo así sabiendo los sentimientos hacia él?

—SeHun, deja de intentar algo que no te sale bien. ¿Por qué no me dejas la patada a mí? Sabes que soy mejor en eso. —Mi corazón se detuvo por una milésima de segundo. Horrorizado observé cómo el menor hecho un lío de emociones salía corriendo de la sala, y sin pensarlo dos veces me apresuré a seguirlo.

Se detuvo en un pequeño salón vacío, en donde únicamente había un órgano. Se sentó lentamente en el piso, junto a la pared, con la cabeza gacha. A continuación advertí que los hombros le temblaban, producto del llanto. Tímidamente, y sin saber qué hacer, me senté a su lado. Dudando le pasé el brazo por los hombros, mientras me rompía la cabeza por adivinar cómo consolarlo.

—SeHun…

—Ya no sé qué hacer —me interrumpió entre sollozos—. Puedo entender que yo no le guste, que sólo ame a MinSeok hyung, que sólo me vea como un dongsaeng. ¡De verdad puedo entenderlo! Pero, ¿por qué me odia tanto? Él es mi hyung favorito, yo no…

No supe si estaba pensando, pero lo besé. Lo acallé y lo besé. Quizás estaba pensando con el corazón, quizás estaba demasiado desesperado por verlo en un estado tan deplorable, pero mi instinto  fue besarlo, aunque él no me correspondiese.

Y cuando comprendí lo que estaba haciendo, me separé de él rápidamente. Le di una rápida mirada y comprendí que él estaba tan rojo como yo. Ni siquiera había cerrado sus ojos o había movido sus labios, simplemente tenía los ojos muy abiertos.

Con la sangre golpeando mi cara, salí como un rayo de aquella asfixiante habitación, llegando a escuchar su susurro que llamaba a mi nombre.

Desconociendo mi rumbo corrí hacia mi izquierda, parecía que de pronto había olvidado las ubicaciones de la empresa. Pero no pude movilizarme durante mucho tiempo, porque algo o alguien —el corazón me latía a mil por hora y ni siquiera podía pensar, por lo que era imposible que viera a la víctima de antemano— me hizo chocar.

Me apresuré a disculparme, avergonzado, rogando interiormente que no fuera un sunbae muy importante. Afortunadamente, sólo eran MinSeok y Lu Han, pero ni siquiera eso me permitió despreocuparme por mis acciones.

—Tao, ¿estás bien? —preguntó MinSeok. Asentí a modo de respuesta, sin atreverme a hablar aún.

—Tao… ¿cómo está SeHun? —intervino Lu Han.

Eso fue suficiente para que recordara mi enojo hacia mi gege, y mirándole con enfado le espeté fríamente:

—Eres muy malo, gege. —Fue él esta vez quien bajó la mirada.

—Mejor que hable con él —murmuró comenzando a marcharse, pero MinSeok lo detuvo.

—Si vas todo va a terminar al revés. Debemos dejarlo así.

—Minnie… —rogó. Pude notar que los ojos le escocían en lágrimas. Yo estaba confundido, ¿de qué hablaban? Parecía como si no hablaran por hablar, como si lo hicieran de algo ya planeado. No pude decir nada, porque el más bajo tomó a Lu Han de la mano y antes de desaparecer por completo de mi vista, volteó hacia mí y dijo:

—Tao. Tienes que aclarar las cosas. Sé lo que hiciste, y es mejor que pienses bien antes de dejarlo solo.

Apenado escuché su consejo, pero eso no quiere decir que lo hubiese tomado, porque evité a SeHun durante todo el tiempo que se me fue posible.

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Incluso aunque vivíamos en el mismo departamento y compartíamos habitación, siempre logré evitarlo perfectamente. Evitaba que estuviéramos solos en una habitación por más de cinco minutos, ni siquiera intercambiábamos miradas. Cuando oía que él entraba al cuarto donde dormíamos, yo corría a encerrarme al baño, y cuando salía me acostaba con la excusa de estar muy cansado. Logré permanecer con ese método por varios días, hasta el día de la filmación de nuestro nuevo MV.

—Retóquense el maquillaje —indicó el director, luego de haber grabado por más de siete veces la coreografía. Habíamos comenzado a ensayar allí desde muy temprano, ya eran casi las 6 pm y aún no habíamos comido nada. Los pocos descansos consistían en tomar agua y corregir el maquillaje.

Exhausto dejé que el personal hiciera su trabajo, mientras me echaba sobre el sofá más cercano a mi alcance.

Una voz que reconocería desde kilómetros rompió con mi tranquilidad:

—Tao, tenemos que hablar.

Suspirando, levanté la mirada con pesar para encontrarme con la de Oh SeHun.



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